![]() |
| |
Un cochambroso autobús de dos plantas nos dejó hechos polvo en la ciudad fronteriza china de Hekou, frente a la ciudad vietnamita de Lao Cai. Pudimos observar el ambiente del lugar mientras esperábamos la apertura de la frontera a las 8 de la mañana, el flujo de trabajadores en este tipo de lugares suele indicar quién es el "pobre" y quién el "rico", decenas de vietnamitas se apresuraban a cruzar el puente con sus gorros cónicos en busca de lo que seguro es un buen jornal, posiblemente repetirían la misma operación por la noche en sentido contrario, y de nuevo la mañana siguiente. En el otro sentido sólo estábamos unos pocos extranjeros y algunos turistas chinos que se divertían observando a sus vecinos del sur empujándose los unos a los otros para cruzar los primeros. Los trámites burocráticos fueron bastante rápidos, pronto nos vimos en una calle de Lao Cai sin saber a priori a dónde dirigirnos, no éramos los únicos, todos los viajeros que andábamos por allí fuimos acosados por unos cuantos chavales que insistían en conducirnos a Sapa en furgoneta. Decidimos sacar dinero de un cajero para ganar tiempo y echar un ojo a la guía, cargados de dongs (VND) y ubicados caminamos en dirección al río Rojo y cruzamos un puente hasta una zona más animada de la ciudad. Allí negociamos para que una furgoneta nos llevara hasta Sapa, a apenas 35 kilómetros de Lao Cai, enseguida nos dimos cuenta de que eran los mismos chicos que nos habían ofrecido ese servicio en el puesto fronterizo.
El camino a uno de los mayores reclamos turísticos de Vietnam lo realizamos apretujados con otras diez personas, cruzamos bonitos paisajes de colinas onduladas cubiertas de verdes campos de arroz, y se nos vino a la memoria aquella caminata realizada sólo unas semanas antes en el sur de China, al norte del río Li, ¡parecía que habían pasado mil años desde aquello!
Vimos un par de hostales y nos quedamos en una habitación en la última planta del hotel Pinocho, con vistas al valle y un balcón cubierto donde disfrutamos de un suculento desayuno media hora más tarde. Nuestra primera impresión de la ciudad fue extraña, pensábamos que sería un pueblo pintoresco y no una animada ciudad con motos y furgonetas por todas partes. Tuvimos tiempo de sobra para hacernos una amplia idea del lugar en los seis días que pasamos en Sapa y, sin duda alguna, para nosotros, el plato fuerte son los alrededores y las tartaletas de chocolate preparadas con recetas aprendidas de los colonos franceses, no hubo un sólo día que no bajásemos a una cafetería a tomarnos un buen café con leche, o dos, y una de esas tartaletas...

