Pero no sólo se viene a Hoian por la ropa, la tranquilidad del lugar permite hacer las típicas compras de regalos y souvenirs ya que toda la artesanía del país se ve representada en las tiendas que pueblan las callejuelas más cercanas al canal, telas y plata de Sapa, máscaras del festival del Tet de Hanoi (en el que se anuncia el Año Nuevo Lunar, la fecha más importante del calendario festivo vietnamita), artesanía de coco, pendientes y collares a encargo, cuadros al óleo, al carboncillo y con mosaicos de conchas, y un largo etcétera que mantiene entretenido a cualquiera. Entre tienda y tienda los cafés ubicados con mucha inteligencia invitan a pararse y tomar algo, un café vietnamita, un sabroso zumo de frutas tropicales o una espumosa cerveza local o de importación.

Y todo esto bajo el marco de una arquitectura centenaria que recuerda que Hoian estuvo a la altura de puertos internacionales como Macao (en la actual China) o Melaca (en la actual Malasia), donde mercantes chinos, portugueses, japoneses, holandeses, etc, paraban a intercambiar mercancías mientras dejaban su propia huella en el lugar. De entre todos fueron los chinos los que más influencia tuvieron, asentándose como colonos e integrándose en la vida de la ciudad, hoy en día todavía existe una comunidad de más de un millar cuyo idioma es el vietnamita.

El legado histórico ha otorgado a Hoian el título de Patrimonio Mundial por la Unesco y está protegido por ley y mantenido con subvenciones internacionales y con las ganancias de las entradas a los distintos puntos de interés. Para desventaja del visitante se ha de adquirir una entrada por valor de unos seis euros, con ella se tiene derecho a visitar una de las cuatro "Casas Antiguas", una de las cuatro "Salas de Reuniones de los Clanes", un museo o taller, un templo y otros tres lugares entre los que se incluye el Puente Cubierto Japonés, aquel que desee visitar todos los lugares de interés habrá de adquirir varios tickets o pagar las entradas individuales a los mismos. Nosotros visitamos la Casa de Tan Ky, junto al puente, construida hace dos siglos para alojar a un mercader de etnia vietnamita, hoy sigue perteneciendo a sus descendientes que la han conservado con todo cuidado y la explotan turísticamente ya que, además de pertenecer al recorrido escogido por la Unesco, también realiza artesanía que pone a la venta durante la visita, como mantelería bordada y otras prendas textiles.

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