Chaparrón tras chaparrón llegamos a la bella Hoian, el alma artística del país, una ciudad que ha sabido cuidar y mantener su ambiente con el pasar de los años y ofrece al visitante una tranquilidad difícil de encontrar en otros lugares de Vietnam. Quizás es por esta razón que muchos viajeros que sólo vienen a pasar un día o dos acaban quedándose aquí semanas y repiten año tras año, de esta forma alojamientos de todo tipo, restaurantes y tiendas han ido apareciendo como champiñones creando una oferta heterogénea que satisface todos los bolsillos y todos los gustos.

Entre toda esta gente que va y viene a Hoian muchos son los que lo hacen por una razón muy concreta, la de adquirir ropa a medida a bajo coste, todo tipo de tejidos, colores y estampados se exponen en las decenas, centenares de boutiques que inundan el centro de la ciudad, los maniquís muestran modelos clásicos, modernos, juveniles, todas las marcas son imitadas sin pudor por unos hábiles sastres que trabajan a destajo para acabar las prendas en tiempo record. Pero hay que andarse con mucho ojo y escoger bien, aunque posiblemente eso sea difícil al menos que se lleve alguna referencia, todas las boutiques parecen ofrecer trabajos de calidad. Nosotros, como era de esperar, caímos en la tentación, Rafa quería hacerse un traje para la boda de mi hermano y escogió la sastrería recomendada por el hotel, varios clientes recogían y se probaban sus trajes muy satisfechos y nos pareció una buena elección. Sin embargo a nosotros no nos fue tan bien como hubiésemos querido, tras escoger el tejido y tomarle las medidas Rafa insistió en que quería movilidad; la primera prueba fue un desastre, fallaba por todas partes, el tiro, el largo del pantalón, la espalda, insistieron en que quedaría perfecto pero al final no fue así, tras otras tantas pruebas y modificaciones el resultado fue simplemente "ponible", un error inicial en las medidas y en el estudio de la fisonomía de Rafa impidieron que hubiese suficiente tela para adecuar el traje. A pesar de que la culpa fue de ellos comentamos entre nosotros la diferencia entre los cánones masculinos y la estructura corporal de Rafa, alto y delgado, quisieron ajustarse tanto a las medidas que fallaron por todos los flancos.

En cambio las dos chaquetas que se hizo mi madre, cada una por 23 euros, no necesitaron más que un retoque, esta vez las chicas de otra boutique acertaron casi a la primera, aún así cuando se las ha probado en casa ha notado que la espalda le hace un poco de bolsa y está pensando en llevarla a ajustar. En resumen, la ropa puede salirte muy barata, es cierto, pero el mercado ha crecido tanto que los sastres ya no son sastres, trabajan muy rápido sin conocer directamente a la persona a la que van a vestir y eso se nota en el resultado final.

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