Como nos ocurría en tantas ocasiones no nos obsesionamos por verlo todo lo antes posible y decidimos vivir la ciudad con tranquilidad, pasear por las callejuelas de la zona antigua, comer en los restaurantes llenos de vietnamitas y curiosear en mercados y tiendas de recuerdos. Es muy posible que nos dejásemos monumentos sin ver, no sería la primera ni la última vez, aunque Hanoi no parece ser ese tipo de ciudad, como casi todas las de esta región del mundo donde es más interesante ver la vida en las calles que buscar templos y pagodas. Aún así un día nos acercamos hasta el Templo de la Literatura, fundado en 1070 en honor a Confucio, en ese mismo paseo nos dimos de narices con una estatua de Lenin, en una plaza rodeada de embajadas. El resto del tiempo, hemos de reconocerlo, lo pasamos en torno al lago Hoan Kiem y en sus alrededores que incluyen todo el barrio antiguo de la ciudad.

Un par de mañanas disfrutamos de un café en alguna de las cafeterías de la orilla oeste del lago, y desde allí fuimos hacia las tiendas de libros en busca de uno con fotografías de la Guerra de Vietnam, "Requiem", fue imposible dar con él en toda la calle Trang Tien que atesora las mejores librerías de Hanoi. En otra ocasión nos aventuramos por las calles que se dirigían hacia el norte, buscando los gremios en los que está dividida esa parte de la ciudad desde el siglo XIII, originalmente las "36 calles" respondían a su nombre con el oficio de sus habitantes, Hang Bo=Cestas, Hang Luoc=Peines, Hang Dan=Cuencos de Madera, y así hasta 36 artículos variados y pintorescos. Muchas de estas calles ya no se dedican a los mismos menesteres pero algunas aún guardan el sabor de antaño, como los hojalateros (Hojalata=Hang Thiec) o los joyeros (Plata=Hang Bac). Nuestro periplo por estas callejuelas nos llevó hasta la Catedral de San José, inaugurada en 1886 y situada en una zona de la ciudad vieja donde abundan las boutiques y las tiendas de moda; entre ella y el lago se encuentran las cafeterías más frecuentadas por los jóvenes vietnamitas, que se sientan en taburetes que no levantan ni medio metro del suelo en el equivalente a nuestras terrazas.

Al atardecer las calles del centro parecen metamorfosearse, cientos de chavales con sus motocicletas toman el asfalto para dirigirse a algún bar de moda, los restaurantes se llenan y la orilla del lago ve llegar a los paseantes que aprovechan los momentos más frescos del día para salir a la calle, porque Hanoi durante todo el año se puede visitar en tirantes, el que quiera ponerse el jersey tendrá que dirigirse a Sapa o a alguna zona montañosa del centro o norte del país.

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