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Hay nombres de lugares que evocan misterio, otros naturaleza salvaje, otros arte y unos pocos la guerra, ese es el caso de las dos capitales del Vietnam donde aún está muy presente esa guerra que duró casi veinte años y que no fue más que la consecución de las primeras guerras de Indochina. Este país estuvo en guerra más de la mitad del siglo XX y en preparativos para la misma desde el primer día que los franceses pusieron pie en sus playas a mediados del XIX, deseamos que por fin les haya llegado un momento de paz. Tanto la capital del norte, Hanoi, como la reconocida capital del sur, Ciudad de Ho Chi Minh (antigua Saigón), son ciudades vibrantes que emergen y crecen a pasos agigantados, el sueño de campesinos que llegan a cientos a diario con el sueño de labrarse un porvenir.
Hanoi difícilmente dejará frío al visitante, posiblemente no le guste nada de nada, con su incesante tráfico, las miles de motocicletas impidiendo cruzar la calle sin un subidón de adrenalina y el consecuente bullicio que sólo a las once de la noche comienza a apaciguarse; pero también es muy probable que le hipnotice ese trajín y esa vida callejera, esos cafés junto al lago y esa comida mezcla de sabores asiáticos y europeos. Dicen que la que mueve el cotarro es la capital del sur pero Hanoi posee el título de Capital de Vietnam y atesora todos los beneficios que otorga ese título, en ella se ha invertido mucho dinero, sobre todo en infraestructuras, muchas de las cuales van enfocadas al sector turístico, en auge creciente en este país tropical con identidad propia, sin embargo estas inversiones no son suficientes y la ciudad resulta definitivamente caótica.
Llegamos un par de días antes de que aterrizase mi madre con el objetivo de encontrar un hotel simpático cerca del lago y contratar la excursión a la Bahía de Halong. El tren litera con origen en Lao Cai nos dejó en la estación a las 5 de la mañana, buena hora para moverse por la ciudad, algunos conductores se ofrecieron a llevarnos a algún hotel pero rechazamos la oferta y nos dirigimos en taxi a uno que habíamos elegido en la guía; como tantas veces no supimos si el taxista nos había timado o no, nos pareció carísimo, pero el taxímetro había estado conectado desde el primer momento, una serie de experiencias similares me llevaron a la conclusión de que los taxis en Vietnam son muy caros, sobre todo si los comparas con la vecina Tailandia, que finalmente ha resultado ser el país más barato del Sudeste Asiático, y el más desarrollado si no contamos a Malasia, claro. El hotel estaba completo y acabamos en otro minihotel, de los miles que pueblan esa zona de Hanoi, en una habitación muy nueva pero interior, ya tendríamos tiempo de buscar algo mejor para los tres.

