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Nuestra primera parada con Laura y Yosko fue en las planicies del centro del país, aquí se encuentra el origen del reino de Siam y la actual Tailandia, los dos lugares de mayor interés histórico son las antiguas capitales de Ayutthaya y Sukhothai, ambas rodeadas de otros pequeños yacimientos en sus alrededores.
Ayutthaya es la más moderna de las capitales y su reinado se remonta a los siglos XIV-XVI. Es la más cercana a Bangkok y fue la primera en nuestra ruta cultural, llegar fue bastante sencillo a pesar de que Bangkok parecía estirarse hasta el infinito con su tráfico, una vez en la autovía condujimos sin problema los 60 kilómetros. Llegamos temprano a la ciudad sin embargo el hostal donde pretendían alojarse nuestros amigos estaba lleno, no es que la mujer lo tuviera muy claro, porque nos estuvo mareando la primera hora, finalmente decidimos desayunar algo allí y buscar otro lugar.
Ya situados condujimos la camioneta cerca del yacimiento y nos dispusimos a visitarlo, pronto nos daríamos cuenta de la extensión del lugar. Quizás el wat o templo más conocido sea el Wat Phra Mahathat, cuyo elemento más famoso es una cabeza de un buda sostenido por un entramado de raíces, dice la leyenda que cuando los ladrones birmanos expoliaron Ayutthaya esa cabeza quedó enterrada para aparecer más tarde protegida por el árbol, cualquier persona que viaje a Tailandia verá sin duda postales y fotografías de este lugar. Caminando por el inmenso parque fuimos dejando a un lado pequeños templos hasta llegar a un estanque con los nenúfares más grandes que habíamos visto nunca, justo al otro lado una terraza invitaba a sentarse y tomar una cervecita, así lo hicimos y nos quedamos allí mismo a comer.
Con el sopor de la comida caminamos hasta el siguiente templo en importancia, el Wat Phra Si Sanphet, junto al cual se levantaba el Palacio Real, este wat está compuesto por tres estupas alineadas de gran tamaño. Al oeste de este wat visitamos un buda dorado en un templo de construcción moderna.
Ya al atardecer nos acercamos al río, donde encontramos una lujosa casa de huéspedes donde refugiarnos del temporal, que duraría toda la noche impidiéndonos cenar en el mercado nocturno, en su lugar tiramos de guía y nos fuimos a un restaurante recomendado que efectivamente estaba abarrotado y cuya cocina era muy buena.
