Continuamos camino hacia Mae Hong Son, la carretera era sinuosa pero con menos pendientes que la del día anterior por lo que no tuvimos ningún problema en llegar a nuestro destino. A ambos lados de la carretera se distinguían montañas, a la derecha las de Doi Inthanon, a la izquierda la frontera con Burma, los arrozales y tierras de cultivo se extendían hasta ellas tiñendo de un verde brillante el paisaje. Si algo hemos aprendido estos meses es que el tiempo que se dedica a viajar es tan importante como el que se dedica a estar en un destino, tanto si se viaja en tren, como en autobús como en coche, hay que estar atento y disfrutar de lo que penetra por las ventanas, en la retina se quedarán grabadas imágenes tan bellas como la de la playa o la casa rural donde se planee ir; conducir por el norte de Tailandia, como ocurre en India o Pakistán, es un regalo para la vista y no hay que desaprovecharlo.

En Mae Hong Son nuestros amigos se alojaron en un magnífico bungalow en medio de la selva, el Sang Tong Huts está gestionado por una pareja alemana que, inteligentemente, ha añadido una piscina al lugar convirtiéndolo en un pequeño paraíso, la única pega es que está un poco alejado del centro, unos veinte minutos caminando, problema menor teniendo en cuenta las ganas del dueño de montarte en su jeep y llevarte a conocer los alrededores, siempre está dispuesto a acercarte a algún sitio. Una vez acoplados el dueño nos llevó al centro donde aparcamos la furgoneta junto al lago, allí dormiríamos nosotros dos, y luego los cinco nos fuimos a visitar el Wat Phra That Doi Kong Mu, monasterio situado en una elevada colina al oeste de la localidad.

Mae Hong Son es un lugar tranquilo y entretenido donde pasar unos días, pequeñas agencias ofrecen sus servicios que incluyen trekkings o visitas en jeep por los pueblos de las montañas, paseos en elefante, descensos en barcas de bambú, etc; teniendo en cuenta que el clima estaba un poco revuelto postergamos nuestra decisión hasta el día siguiente, si levantaba buen día podríamos ir en jeep hasta los pueblos fronterizos y visitar algunas tribus, las lluvias desaconsejaban los trekkings. La noche llegó y nos dejó una de las cenas más divertidas del viaje, en un restaurante junto al río, por 60 u 80 bahts por persona teníamos buffet libre que consistía en coger carnes marinadas, verduras frescas y noodles y prepararlos en un recipiente muy curioso que se calentaba sobre unas brasas, la "olla" era como el molde de un donut, en el aro exterior se prepara el caldo con las verduras y los noodles, en la parte central, más elevada, se prepara la carne a la brasa que deja caer su jugo al caldo, en la brasa también se pueden hacer las setas, o bien echarlas al caldo, hay que estar muy atento porque en seguida se evapora la sopa o se quema la carne, y cada pocos minutos hay que ir a por más provisiones, lo cual se iba complicando a medida que vaciábamos los litros de cerveza local...

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