![]() |
| |
El día que dejamos Malasia fue muy largo e intenso, comenzó con una visita a la mezquita de Alor Setar, ciudad malaya a unos cuarenta kilómetros de la frontera. La breve visita nos permitió estar enseñando los papeles a las autoridades malayas antes de las diez de la mañana, y, como todo en este país, salir fue sumamente sencillo, primero sellar los pasaportes y luego el Carnet de Passage. Unos pocos metros más adelante la cosa cambiaba mucho, ante nuestros ojos se hallaba una frontera bastante caótica, con mucha gente, coches y policías, uno de ellos nos señaló un aparcamiento para que dejáramos el vehículo mientras realizábamos los trámites. Estuvimos casi dos horas allí, primero sellamos los pasaportes, el personal tailandés es antipático y serio si lo comparas con el de sus vecinos del sur; bastante más amables son en costums donde tuvimos que rellenar un par de papeles, sólo nos daban permiso para estar un mes en Tailandia con el coche, pero según ellos podríamos ampliarlo fácilmente hasta medio año en cualquier oficina de aduanas del país.
Mientras yo chequeaba las agencias de seguros Rafa retiró dinero de un cajero automático, como comprobaríamos los meses siguientes la red de cajeros en este país es abrumadora, al igual que la de 7 Eleven, superando a la de Malasia. Contratamos un seguro a terceros para tres meses por unos doce o trece euros y emprendimos rumbo norte hacia la costa de Andamán.
Sabiendo que el combustible es aquí más caro que en Malasia llenamos el depósito antes de entrar, no tendríamos que repostar hasta más allá de Phuket, lo que si necesitábamos urgentemente era un cambio de neumáticos delanteros. Paramos en una tienda muy moderna pero, ante nuestra sorpresa, no tenían ninguna que nos valiera, esa misma tarde, a causa del calor y la larga jornada sin parar, reventamos uno cerca de la ciudad de Trang, al día siguiente encontraríamos un taller donde nos dejarían el coche a punto, con equilibrado y paralelo incluido.
Durante esa primera jornada recorrimos muchos kilómetros, en un primer momento habíamos pensado pernoctar en el sur, pero dadas las alarmantes noticias de las últimas semanas nos pareció más prudente conducir hasta la costa, además las carreteras eran estupendas y los paisajes también, a primera vista resultaba mucho más atractivo que conducir en Malasia. Para introducirnos en la vida local hicimos dos paradas, una en unas maravillosas cascadas anunciadas en la carretera, donde comimos, y otra en un templo levantado en torno a unas cuevas, ambas visitas fueron relajadas y agradables, el panorama pintaba bien en nuestro nuevo destino.

