![]() |
| |
De nuevo en la carretera anduvimos un kilómetro hasta una barriada que nos llamó la atención, en ella las humildes casas de madera construidas sobre pilotes estaban rodeadas por aguas putrefactas, resultado de los vertidos de las propias viviendas y de la falta de un sistema de alcantarillado que separase estas aguas de las que ya de por si inundan el lugar. Aquí los niños jugaban entretenidos bajo las palmeras, aunque nuestra presencia pronto les sacó de su entretenimiento y corrieron como locos a que Rafa les hiciera unas instantáneas para luego poder verse en la pequeña pantalla. Sus padres, encaramados en lo alto de los cocoteros, cortaban los cocos para lanzarlos al suelo y alimentar con su leche y su carnoso fruto a las familias, el siguiente coco fue para nosotros, un hombre abrió hábilmente un agujero suficiente para beber el líquido y sacar la carne con una cuchara. Sentimos toda la hospitalidad del pueblo tailandés compartiendo esos cocos con esas familias humildes, las advertencias de algunos viajeros sobre las gentes de Tailandia se habían disipado por completo, como comprobaríamos cada día su amabilidad y simpatía eran reales, de corazón.
Muy contentos caminamos por los canales, esta vez parecía una zona más adinerada, las cuidadas casas de madera se extendían por las orillas, conectadas cada poco espacio por puentes, todas las casas tenían un pequeño embarcadero o un garaje para guardar las canoas con las que se mueven de un sitio a otro, la ausencia de vehículos permitía pasear sin ser molestado por motores, aunque de vez en cuando alguna canoa motorizada rompía la paz durante unos segundos.
Nos acostamos con ganas de que llegara el siguiente día y vivir el animado mercado. Antes de las siete de la mañana ya estábamos listos, un hombre vino con su canoa y nos acoplamos, era toda para nosotros dos. Primero navegamos por canales solitarios, zonas residenciales donde los ancianos se aseaban junto al agua, también por anchos canales con negocios en las orillas, durante la primera hora sólo nos cruzamos con otras dos parejas de extranjeros, el resto eran mujeres tailandesas que se dirigían al mercado a vender sus productos.

