Pretendimos sin éxito encontrar alguna playa al norte de Chaiya donde darnos un baño, en su lugar dimos con algunos pueblos de pescadores con cierto encanto. La pesca es una de las actividades más importantes de Tailandia donde se consume mucho pescado y marisco, como el clima no ayuda mucho a la conservación se fabrican muchas conservas, la mayoría desecadas o en salmuera, también es sencillo encontrar pescado fresco pero lo mejor es acudir a la hora en la que llegan las barcas para asegurarse de que es del día.

Continuando por la nacional 4 vimos un cartel que anunciaba el P.N. Khao Sam Roy Yot que significa los Trescientos Montículos, decidimos acercarnos a ver de qué se trataba, así fue como tuvimos el primer contacto con las nuevas tarifas del gobierno. Al llegar a la entrada un policía nos indicó que nos acercáramos a la taquilla a adquirir la entrada de 400 bahts por persona (9 euros), el doble de lo que indicaba la guía (en menos de dos años todos los parques naturales han pasado a costar el doble para los extranjeros), como nos pareció desorbitado y veíamos a muchos coches pasar el mismo guardia nos comentó, como pudo, que si no nos íbamos a salir de la carretera podíamos pasar pero que si queríamos ir a la playa teníamos que pagar. Como el resto de los coches condujimos a través del parque, aunque hicimos trampas y paramos en un lugar para subir a un mirador, ¡en qué hora!, el calor y la humedad convirtieron aquellos trescientos metros en un infierno.

Cuando quisimos llegar a Kiri Khan era casi de noche, nos dio tiempo a ubicarnos y a dar un paseo por el paseo marítimo desde donde las vistas de la bahía eran espléndidas, con varios islotes y numerosos barcos de pesca, el lugar ganó mucho al amanecer, cuando una luz plateada inundó el lugar y nos permitió disfrutar aún más del primer café matutino. Antes de dejar la población fuimos de tiendas, Rafa compró la tercera almohada del viaje, que, tal y como ocurrió con la segunda, dejó de ser de su agrado a los pocos días ¿habrá una cuarta?

Los mojones nos indicaban que cada vez nos encontrábamos más próximos a la gran capital, nuestra siguiente parada estaba a apenas tres horas en coche de Bangkok, se trata de una ciudad muy popular entre los tailandeses, con algunos de los templos más importantes del país.

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