![]() |
| |
Aún quedaba una semana antes de que llegara la nueva visita y Phuket no nos había enganchado lo suficiente como para quedarnos, además de que los temporales comenzaban a hacer su puesta en escena impidiéndonos dormir en las playas. Según habíamos leído la costa del Golfo de Tailandia no se ve afectada por el mismo monzón que la costa del Mar de Andamán, allí nos dirigimos con la vaga esperanza de que fuera cierto, ya que apenas 150 kilómetros de distancia separan una costa de otra y no nos creíamos mucho que de repente el sol aparecería sin más.
Emprendimos la carretera que sigue la costa oeste hacia Myanmar con la intención de desviarnos por una nacional que cruza un parque nacional que nos habían recomendado visitar. Pudimos comprobar que al norte de Phuket la costa no está tan desarrollada y probablemente esconde algunas playas interesantes, pero el monzón nos quitó de la cabeza la idea de explorar esa zona, al igual que la de visitar el parque, la lluvia a veces se hacía tan intensa que nos obligaba a parar, queríamos salir de allí cuanto antes.
No es que al llegar a la otra costa dejase de llover pero al menos las lluvias fueron más moderadas y tuvimos todos los días unas cuantas horas de descanso, así pudimos explorar esta región, mucho menos transitada por extranjeros pero mucho más rica en historia y cultura.
La primera noche dormimos a unos kilómetros al sur de Chaiya, en una zona de manglares muy agradable, con un área para aparcar y hacer picnic donde nos acomodamos y pasamos una estupenda velada. La ciudad, una de las más antiguas del país, esconde en sus calles algunos de los wats más interesantes del sur, uno de ellos recibe todos los años a tailandeses y extranjeros en busca de cursos de meditación. Nosotros visitamos un par de ellos, uno muy rural a las afueras, y otro más majestuoso con un pequeño museo, donde una estupa dorada es la protagonista, aunque el origen del wat es muy antiguo las construcciones actuales poseen claras muestras del siglo XX.

