¡¡Cuidado los consumistas si viajan a Singapur!!, un cartel como éste debería de ser puesto en al aeropuerto y es que en esta ciudad estado, una de las ciudades más caras de Asia, es posible adquirir casi cualquier cosa, en su situación de "país libre de impuestos" la relación precio-oferta es amplísima, desde luego un lugar ideal para comprar electrónica, ropa de marca y un largo etcétera. La divisa local, el dólar de Singapur, equivale aproximadamente a medio euro, por lo que para las economías más potentes, como las europeas, es sencillo encontrar más de un chollo, la cuestión es que nosotros veníamos de India, Nepal, etc... por lo que la ciudad nos pareció carísima, aun así caímos como moscas en el consumismo.

La primera en la frente, como se dice, nada más salir de nuestro hostal en Little India, apenas habiendo andado 500 metros, nos topamos de bruces con el Slim Square, una macrocentro comercial de seis plantas dedicado a la electrónica (sería aquí donde gastaríamos más dinero), pero no fue el único centro comercial que visitamos, la ciudad está llena, todos dedicados al ocio y disfrute de los singapurenses, más que centros comerciales, son auténticas miniciudades del ocio, donde además de comprar se puede ir a las salas de cine a disfrutar de una película en una pantalla gigante, o bien comer en un lujoso restaurante japonés, o francés, o italiano, jugar a los bolos, tomarse un helado en alguna cafetería, asistir a espectáculos o presentaciones publicitarias, etc, etc.

Quizá los dos centros comerciales más impresionantes son el Raffles Square, que toma el nombre del fundador de la ciudad, donde principalmente se pueden comprar artículos de lujo, ya sea algún brillantito en Tiffany's, algún Rolex, algún perfume de Coco Chanel o algún modelito de Balenciaga, no cabe duda que los centros comerciales encajan a la perfección en esta ciudad, a los singapurenses les gusta vivir con clase y todas las comodidades, se nota en su modo de vestir impecable y en su extremado gusto por la buena mesa.

Entre otras cosas, el rascacielos Raffles da la oportunidad de obtener las mejores vistas de la ciudad al ir a tomar algo o comer en su ático, nosotros lo intentamos, pero nos pidieron la reserva, nos quedan dudas si nuestras chanclas compradas en Sri Lanka tendrían algo que ver.

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