![]() |
| |
Esperamos a que abrieran una media hora, habíamos sido los primeros en llegar, tras nosotros llegó otra pareja de extranjeros y, justo cuando abrían, oíamos acercarse una horda de jóvenes y ruidosos malayos, compramos el ticket (5 RM~un euro) y ascendimos deprisa para alejarnos del griterío. Aquella mañana éramos los primeros visitantes allí arriba, caminos despacio sobre la superficie móvil dejándonos llevar por el balanceo y respetando la distancia de seguridad, cinco metros entre persona y persona y máximo cuatro personas en las torres de observación. Se oía el canto de algunas aves pero era muy difícil identificarlas entre las frondosas copas de los árboles, seguimos de observatorio en observatorio, cada uno construido entorno a un árbol, observábamos el fondo, como si fuese a aparecer un tigre en cualquier momento, pero no, ningún animal se puso ante nuestros ojos.
Tras el Canopy Walk continuamos caminando hacia el Bukit Teresink, la cota más alta de la zona, nunca habíamos sudado así en nuestra vida, cada paso era un infierno, y eso que sólo llevábamos una mochila con agua y poco más, ya pensábamos que nos habíamos equivocado cuando llegamos a un alto, un claro permitía ver el río, nos sentamos a descansar disfrutando de las vistas. Al poco tiempo nos dimos cuenta de que no podía ser el final del camino, seguramente había que caminar otro rato para llegar a la cima, así era, otros diez minutos nos llevaron hasta allí, un cartel lo indicaba claramente y un banco invitaba a observar el paisaje desde ese mirador natural, la selva parecía infinita desde allí, admiramos aún más a David, el escritor de guías de viaje que habíamos conocido en Kuala Lumpur, unas semanas antes se había cruzado la selva en una semana ascendiendo el Gunung Tahan, de 2187 m, él mismo nos había dicho que había sido muy duro, mucho más que en la alta montaña, ahora le creíamos, dar dos pasos suponía perder medio litro de agua, ¡imaginate con el mochilón a cuestas!, supe que nunca sería capaz de hacer un trekking por la selva. Abandonamos el lugar en el momento justo en que llegaban decenas de turistas, y seguimos hacia el norte con la intención de dar un paseo hasta una piscina natural y regresar al pueblo, por el camino fuimos recompensados con la vista de un extraño pavo moteado con la cabeza azul y una cresta, emitía unos sonidos que identificamos con algunos de los que habíamos oído esa misma mañana, el animal posó para nosotros pavoneándose siguiendo fielmente su naturaleza.

