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Vadeando el río se llega a otro de los puntos neurálgicos de la ciudad, al extremo derecho del mismo se sitúa la "extremadamente" renovada Plaza de Stadthuys, el lugar donde paran los autobuses de turistas y que alberga la iglesia histórica de Melaca, con la fachada repintada de un rojo artificial y chillón de discutible gusto, la antigua casa del gobernador, convertida ahora en el museo de historia y etnografía y en donde los locales intentan vender objetos turísticos en sus tiendas apostadas al pie del edificio. Justo en el medio de la irregular plaza se levanta la torre del reloj, del mismo rojo que la iglesia y, a pocos metros, quizá el elemento más elegante del histriónico conjunto, una fuente victoriana con bustos esculpidos de la reina Victoria, rodeada por un cursi parque floreado. Para completar el cuadro, al otro extremo de la plaza, la réplica de un molino holandés, símbolo de las buenas relaciones entre los dos países. Los Trishaw dan la nota graciosa al lugar, siendo aquí mucho más coloridos que en India, totalmente para turistas (recordamos que en India son usados por todo el mundo), el caso es que algunos de ellos están "tuneados" con aparatosos espejos retrovisores, asientos de vehículos y exageradas instalaciones de sonido con también exagerados bafles, que estoy seguro que en muchas ocasiones cuestan más que el vehículo en sí.
Al otro lado del río se encuentra Chinatown, el corazón de la ciudad y el barrio más animado, sobre todo durante su mercadillo que transcurre de Viernes a Domingo, en el que la calle principal del barrio se llena de puestos ambulantes de comida, souvenirs, etc, más algunas curiosas y extrañas actuaciones, en primer lugar un gran Karaoke, con butacas y todo para el público, en el que los ciudadanos de la Gran China interpretan con toda dedicación y entrega temas de su patria, ¡¡espectacular!! En segundo lugar, otra de las noches que paseamos por el mercadillo asistimos absortos al show de otro hombre que, bajo el estupor de todos, ¡¡¡atravesó la corteza de un coco con el dedo índice!!!, sin trampa ni cartón, incluso un gran póster del libro Guiness decoraba el escenario atestiguando la proeza.

