Condujimos los doce kilómetros hasta la cercana playa de Cahaya Bulan , un horrible y desapacible lugar lleno de chiringuitos y sin ningún encanto. Allí probamos por primera vez la fruta del dragón, que en esta ocasión fue blanca con pintas negras (también puede ser fucsia con pintas negras), el sabor me recordó el de las granadas aunque Rafa no está muy de acuerdo con esta apreciación.

La tarde fue muy fructífera, de regreso a Kota Bharu recorrimos las calles comerciales y hallamos un buen internet con skype y una tienda de zapatillas de deporte donde Rafa por fin se compró unas.

La ciudad es muy calurosa y dormir allí podía resultar un infierno, en vez de quedarnos allí nos dirigimos hacia el norte, en busca de los templos budistas de origen tailandés junto a la población de Tumpat, sin embargo la noche se echó encima y no fuimos capaces de encontrar ninguno, ya nos encontrábamos a cinco kilómetros de la frontera con Tailandia cuando recordamos que la guía hablaba de una playa en esa zona, la playa de Seri Tujuh.

Aquí comenzó el debacle de nuestra primera compra en un mercado malayo, me dispuse a preparar las gambas a la plancha, como tantas veces había hecho en India, aquello no tenía buena pinta, de las gambas salían pequeñas burbujas y la sartén se fue llenando de agua poco a poco. Intentamos comernos una, y dos, pero a la tercera los dos decidimos que aquello era un sufrimiento, no sabían a nada, estaban secas y esponjosas y la salsa que se había formada daba un poco de asco. Definitivamente la vendedora de chipirones tenía razón, me había hecho un gesto con la cabeza indicando que las gambas eran malas, lo que no sabía era que sus chipirones acabarían con las gambas, en estos países hace tanto calor que sin una nevera potente no puedes comprar carne o pescado fresco, por la mañana los pobres estaban echados a perder, una lástima, porque éstos sí tenían buena pinta.

La segunda mañana en Kelantan visitamos varios de los numerosos templos de estilo tailandés junto a la frontera, el primero es el de más fácil acceso, junto a un cruce de carreteras principales, los demás nos costaría un buen rato encontrarlos, dando vueltas por los caminos asfaltados. El Wat Pikulthong posee una enorme estatua de Buda identificable desde la carretera y varios pequeños templetes de colores.

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