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Fecha: 6 de Agosto de 2007
Lugar: Ko Chang - Tailandia

Tuvimos que esperar hasta el miércoles para que Tony desmontara todo el coche y supiéramos lo que pasaba, la continuación del semieje interno izquierdo se había roto (exactamente del eje que nos habían cambiado en la VW) y una pequeña parte había rodado dentro de la carcasa hasta que la rompió haciendo un agujero. Teníamos dos problemas que resolver, conseguir la pieza rota del eje y arreglar el agujero mediante soldadura de argón. A pesar de la experiencia que tenemos todo se fue complicando, confiamos en que quizás pudieran encontrar la pieza en Malasia o Tailandia y una semana después tuvimos que pedir a nuestros padres que nos la enviaran desde España.
Mientras Tony trabajaba en nuestro hogar o simplemente esperaba una respuesta o la pieza, nosotros hacíamos nuestra vida, nos introdujimos en una extraña y absorbente rutina: nos levantábamos tarde, dábamos un paseo por el barrio colonial, comíamos en el restaurante chino que sirve el mejor pato asado de la ciudad o en algún restaurante del centro comercial Comtar, luego jugábamos una partida de ajedrez disfrutando de un capuchino helado en una terraza llamado Cosmic, para regresar al hostal donde descansar un rato y ducharnos para simplemente salir a cenar a algún food court cercano o en el malecón y acabar viendo una peli hasta las tantas.
Esta vida duró un mes, sólo interrumpida por una escapada de tres días a la isla Langkawi y alguna excursión fuera de Georgetown, a visitar templos de los alrededores.
Cuando por fin llegó la pieza Tony ya había recibido la carcasa soldada, la soldadura nos costaría 700 RM (unos 150 euros), pero aún tuvimos que esperar otra semana a que todo acabara ya con el disgusto en el cuerpo de que el jefe de Tony pensaba timarnos exigiendo el pago de otros 2000 RM más todos los aceites, tras negarnos y con la ayuda de Tony (aunque nunca sabremos si él también estaba compinchado) acordamos un total de 1.800 RM con lo aceites incluidos, que seguía pareciéndonos desorbitado para Malasia, pero sabíamos que si no aceptábamos no acabarían el trabajo.
Entre pato asado, navajas y raya a la brasa pasaron los días, lentamente, como un grifo que gotea, menos mal que estábamos en una ciudad de gastronomía internacional variada y exquisita, al menos pudimos disfrutar.

