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Salimos espantados de Kuta, nuestra toma de contacto con la archiconocida isla de Bali había sido muy negativo y esperábamos que Ubud, más hacia el norte y en el interior, fuera menos turística y más agradable.

Ubud es una pequeña localidad, considerada centro cultural y artístico de la isla, se encuentra rodeada de campos de arroz y posee el característico paisaje abrupto de la zona. Al llegar nos dio una agradable sensación de tranquilidad, y en efecto es un lugar tranquilo; no se puede decir lo mismo de su carácter turístico, pero como iríamos viendo poco a poco, casi toda la isla está explotada por este sector.

Nos alojamos en un hostal característico de los que se pueden encontrar en la isla, habitaciones con camas enormes y una pequeña terraza privada con dos sillas y una mesa, donde al levantarnos teníamos nuestro desayuno; desde luego los alojamientos son uno de los puntos fuertes del lugar.

Esa misma tarde daríamos nuestro primer paseo por la población, camino del Templo de los Monos o Pura Dalem Agung Padangtegal, una de las atracciones de la ciudad. Nuestra calle y, en general, todas las demás estaban repletas de locales enfocados al turismo, tiendas de souvenirs, centros de internet, agencias de viaje y restaurantes. Los templos también tienen una presencia importante, profusamente decorados con elementos hinduistas mezclados con las creencias tradicionales de Bali, donde las estatuas de Barong, una deidad balinesa que simboliza el bien y el mal se encuentran por doquier; si existen tantos templos en Ubud es porque se han edificado muchos como templetes o escenarios para las danzas que se ofrecen a los visitantes, un lucrativo negocio. Pero, aunque es cierto que la religión es un reclamo turístico, no hay que poner en duda que ellos la viven de una forma muy intensa, en las puertas de las casas o tiendas siempre hay ofrendas, muchas veces en el suelo ¡cuidado con no pisarlas!, se trata de ofrendas muy trabajadas que día tras día los balineses ofrecen a los dioses como tributo. Además de las ofrendas están los rituales o ceremonias, casi cada paso importante en la vida de un balinés va acompañado de una ceremonia, la primera ocurre a los 105 días del nacimiento, un ritual equivalente al bautizo en el que se le da el nombre al recién nacido, el niño tocará la tierra por primera vez 105 días después, a los 210 de haber nacido, día en el que también se le cortará el cabello por primera vez.

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