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Comimos allí mismo y una hora después montábamos en un viejo coche que, en menos de cinco minutos de trayecto, nos dejaba junto al lago, mientras pagábamos la entrada comentamos que bien podríamos haber bajado al lago caminando y que seguramente hubiésemos encontrado un hostal agradable con vistas al mismo, pero ya era tarde. El templo es uno de los que más visitantes recibe, se encuentra dentro del lago Bratan junto a la orilla occidental, la edificación más llamativa posee once tejados.
El resto del paseo hasta Lovina no estuvo mal, hicimos una parada en un mirador para observar los lagos Buyan y Tamblingan, hacía frío allí arriba. La carretera era muy irregular, con algunas pendientes monstruosas, los cafetales estaban pegados a la misma, podíamos ver los granos desde las ventanas. Una última parada nos permitió visitar unos trabajados arrozales en terraza rodeados de palmeras.
Ya llegábamos a Lovina, nos enfadamos un poco cuando vimos que el tipo nos llevaba donde a él le daba la gana, nos dejó directamente en las inmediaciones de un hotel. Le pagamos y vimos una habitación, no estaba mal pero el lugar no nos atraía demasiado. Salimos con las mochilas a la playa y mientras Rafa se quedaba charlando con algunos chavales un hombre me acompañó para mostrarme su casa de huéspedes, me pareció genial, estaba apartada doscientos metros del meollo, las habitaciones eran enormes, en un jardín muy cuidado, primero me ofreció una por 60.000 rupias con aire acondicionado, pero como preferimos el ventilador nos dejó otra igual por 50.000.
Pasaríamos en Lovina los dos siguientes días, tres noches en total, antes de embarcarnos en otra aventura, la de visitar la isla de Java. El primer día fue literalmente de relax, no hicimos gran cosa, ni nos bañamos en el mar, la famosa playa es bastante desagradable, en vez de arena negra es de barro negro, según entras te hundes en el suelo pegajoso, como un cenagal. Lo que sí hicimos fue darnos un largo paseo por ella al atardecer, estaba llena de gente, niños jugando en la orilla, intentando pescar diminutos peces o cangrejos, dos cientos metros mar adentro algunos pescadores trataban de pescar anclados de pie con sus largas cañas de pesca y sus extraños gorros al estilo torero.


