![]() |
| |
Desde Candi Dasa no hay autobuses directos a Bedugul, esta vez fueron dos vehículos y cuatro horas de trayecto, estábamos más que hartos del transporte, mina la paciencia de cualquiera, tú te montas en un autobús que dice dirigirse en la dirección en la que vas, cuando se queda vacío, que ocurre varias veces durante el trayecto, se dedica a ir a 5 km/h pasando por calles concurridas en busca de clientes, cuando digo 5 km/h son 5 km/h, hubiésemos ido más rápido caminando. Los peores son los bemos, pequeñas furgonetas donde cabrían a los sumo 7 u 8 personas pero donde en Indonesia se meten fácilmente 25, éstos tardan mucho en llegar a donde tú quieres ir, mejor usar los autobuses grandes, no es que sean mucho más rápidos pero al menos no te sacan de quicio mareando la perdiz de pueblo en pueblo, y el precio suele estar establecido, con los conductores de bemo es la lucha diaria y siempre te sientes engañado. Cometimos el error esa mañana de montarnos en un bemo, que nos dejó más de dos horas después pasado Denpasar, la capital de Bali. Allí nos asignaron directamente otro bemo, según parecía no había autobuses normales, esperamos y esperamos hasta que el furgón se hubo llenado y entonces partimos.
El conductor nos dejó en la misma entrada de Bedugul, lo que no sabíamos es que era una timada, no se podía entrar al pueblo sin más, nos pedían una entrada (sólo para extranjeros) desorbitada. Cargados con las mochilas nos pusimos a caminar por la carretera con la misma sensación de desesperación que ya habíamos vivido antes, de nuevo una mala jugada. A pocos kilómetros, que se hicieron eternos bajo el peso, llegamos a Bukit Mungu, un polvoriento pueblo-mercado, que se ha ido especializando con lo años en la venta de souvenirs. Un hombre se ofreció para llevarme a ver un hostal, yo le dije que no le iba a dar nada por ello, aún así insistió, la peor habitación que había visto desde hacía tiempo estaba ante mis ojos, y el precio era muy superior al pagado hasta ahora por esas superhabitaciones. Le comenté a Rafa el panorama y que tal vez sería mejor ir a dormir a Lovina, en la costa norte, después de visitar el lago y el templo Ulun Danu Bratan. El hombre que me había llevado se ofreció de taxista, nos llevaría de allí a Lovina, parando a ver el lago y el templo y recorriendo la carretera de montaña que pasa junto a otros dos lagos y a plantaciones de café y cacao, accedimos, no aguantaríamos otra tanda de bemos y rodeos esa misma tarde.

