Cuando el autobús nos dejó en la estación de Kota toda la calle estaba levantada y tuvimos que dar un rodeo para seguir en nuestra primera toma de contacto con la ciudad, hacía un calor pegajoso, un ruido ensordecedor de motos y máquinas de obra y un humo denso. Tuvimos que parar a algunos coches para llegar al otro extremo de la calle, un agobio. Aparecimos en una gran plaza, Taman Fatahillah, donde los chavales jugaban al fútbol frente al Museo de Historia de Jakarta, estábamos en el corazón histórico de la capital, la antigua Batavia holandesa. Los holandeses pretendieron construir una nueva Amsterdamm, proyecto que, obviamente, no fructificó; los pocos edificios coloniales circundantes a la plaza y de camino al puerto están en un estado decadente, descuidados, y de los canales qué se puede decir, el agua apenas corre y la basura se amontona en ambas orillas.

Pasamos Kota, íbamos de camino al puerto y llegamos hasta una zona bastante animada, la gente estaba en las calles, o bien trabajando en los puestos callejeros o simplemente viendo la vida pasar sentados a la puerta de sus casas, los niños jugaban en las calles, que estaban taponadas por los rickshaws o los bemos (autobuses locales). Siguiendo la estrecha calle se llegaba hasta otra más ancha que iba a dar directamente al puerto, tuvimos que dar un gran rodeo para evitar un gran charco de barro que taponaba el paso, después llegamos a un puente que cruzaba un canal y aquí fue donde vimos la primera prueba de la miseria de esta ciudad, en realidad desde aquí no dejaríamos de verlas. Justo enfrente del puente el canal se ensanchaba formando una especie de lago, a la derecha había un dique donde se amontonaba la basura, las chabolas de plástico y madera se apelotonaban junto a montañas de basura, algunas personas quemaban la basura, fue una visión bastante impactante, no veíamos algo así desde algunas regiones en India... ni siquiera.

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A los diez minutos de seguir andando llegamos hasta el puerto, Sunda Kelapa Pelabuhan, donde enseguida vimos los grandes pesqueros de madera procedentes desde hace siglos de la isla de Sulawesi, estaban apostados a lo largo de un estrecho canal que separaba el puerto de la enorme barriada de suburbios, mucha gente cogía pequeñas embarcaciones para cruzar de uno al otro lado, nosotros cogimos una para que nos diera un paseo por el canal, y así observar de cerca los grandes barcos, aunque el humo que salía de algunas de las chabolas de enfrente y los niños que nos gritaban "money money" quitaban el protagonismo a los barcos. Decidimos que nos teníamos que dar una vuelta por este barrio en el que viven cientos de miles de personas.