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Nuestro destino tras la estancia en Ubud sería el Volcán Batur, ubicado a una altura de 1.717 metros sobre el nivel del mar, en el centro de la isla. Nos lo pusieron difícil en Ubud para poder irnos en transporte local y casi nos vimos obligados a coger un jeep que nos llevara, pagando, por supuesto, una cantidad desorbitada. Enseguida, tras salir de la localidad, la carretera comenzó a subir poco a poco, atravesábamos arrozales mientras observábamos como algunos volcanes del centro de la isla se iban haciendo cada vez más grandes. Tras una hora de jeep hicimos nuestra primera parada "forzada", para visitar una plantación; un chico joven salio a recibirnos educadamente, por desgracia nosotros sabíamos que quería vendernos algo, pero fue muy educado y tuvimos una amena charla mientras tomábamos un café cultivado por ellos mismos. También nos enseñó una gran cantidad de las plantas y los frutos que siembran en la plantación, veríamos por primera vez en nuestra vida los racimos de café o la planta del cacao, además del árbol del mango y un largo etcétera de plantas tropicales. Finalmente, antes de partir, compraríamos algo de café ya tratado y un poco de canela.
Tras otra hora de conducción llegamos a Penelokan y cual fue nuestra sorpresa cuando el vehículo paró a la entrada del pueblo donde un policía en un puesto de control nos cobró para poder acceder, increíble..., nuestra decepción en Bali seguía in crescendo con este tipo de regulaciones, que no eran más que tretas para sacar dinero al turista. Nada más pasar el control y girar en una curva hacia la izquierda llegamos a un gran mirador junto a la carretera, observamos una profunda depresión en la que descansaba el lago Batur a la derecha y, justo enfrente, la majestuosidad se nos presentaba en forma de cono volcánico. La vista era espectacular, las nubes cubrían parte del cielo, y del cráter del volcán surgía una inmensa lengua de lava negra petrificada que ocupaba la gran mayoría de la ladera que veíamos, dando un bonito contraste con todo el verdor de la zona. Nuestro mosqueo por la bromita de la entrada se nos pasó por unos instantes y disfrutamos unos minutos de las vistas, aunque al poco llegaría de nuevo nuestro cabreo con la gente, resulta que en la zona del mirador sólo había un hotel de lujo, con lo que teníamos que bajar hasta el pie del lago para alojarnos en un hostal más a nuestro alcance, de nuevo comenzó la odisea, no había modo de bajar si no era pagando el trayecto a algún local, andando eran varios kilómetros; algunos personajes (por llamarlos de un modo demasiado correcto), nos pidieron para el trayecto lo mismo que habíamos pagado para venir desde Ubud.

