Tras una retahila de noes a los insistentes comerciantes apostados estratégicamente entre la taquilla y la entrada al templo nos subimos de nuevo en nuestra montura y bajo un sofocante calor condujimos hasta Krambitan; el tráfico era horrendo, sobre todo en las grandes vías, sólo nos sentíamos seguros y nos relajábamos en los pequeños caminos asfaltados entre aldeas. Krambitan, como tantos pueblos en Bali, está repleto de templos, con sus clásicos ladrillos rojos y las estatuas de piedra gris, materiales típicos del sur de la isla, sin embargo la localidad no es famosa por sus templos sino por los palacios de la que fue en su momento la familia real Tabanan. Únicos visitantes en el lugar nos sorprendió la amabilidad y hospitalidad de las gentes, nadie nos pedía ni nos ofrecía nada y parecían saludarnos con total franqueza, se notaba que por allí pocos extranjeros pasaban. Penetramos en el palacio Puri Anyar por una puerta con la forma arquetípica, dos pilares piramidales de bastante altura, nos pareció curioso que nadie exigiera el pago de una entrada, todo lo contrario, pudimos pasear por los jardines y patios cubiertos sin ser molestados, las estancias que se abrían a nuestro paso estaban habitadas, como más tarde nos explicaría un joven artista que mora en una de ellas, tres son las familias que se apropiaron de las instalaciones y velan por su conservación. El lugar es mágico, con altares en muchas esquinas, estatuas amenazantes guardianas del lugar, para el que esté interesado saber que se puede pernoctar en una de las habitaciones por 250.000 rupias (~20 euros).

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Estatua en el palacio Puri Anyar
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El primer día alquilamos una moto en el hostal por 35.000 rupias y salimos a explorar la zona, lo que inicialmente iba a ser una pequeña excursión mañanera se prolongó hasta las 3 de la tarde. Nuestra primera parada fue en Tanah Lot, uno de los templos más famosos y visitados, erigido junto al mar entre peñascos. No se trata de una única edificación, varios templos de distintos tamaños e importancia se encuentran desperdigados por el complejo. El rato que pasamos paseando en este lugar fue el primer momento de bienestar desde que aterrizamos, si no fuera por estos lugares...