Nos despedimos de Dali con un hasta luego, seguramente volveríamos a pasar una noche aquí antes de regresar a Kunming, ahora le tocaba el turno a Lijian, según muchos la joya de Yunnan y según otros un Disneyworld chino, un parque temático íntegramente preparado para acoger al turista tipo, al que quiere dormir bien, comer bien, trasnochar mucho y comprar aún más.

Un taxi nos dejó junto a un Meeting Point, la Noria de Agua donde nunca falta nadie haciéndose una foto; desde allí caminamos introduciéndonos en las abarrotadas calles de esta ciudad de piedra, una auténtica maravilla sino fuera por los miles de personas que en ese preciso momento nos rodeaban. Me hice la tonta cuando leí un cartel que recordaba al visitante que no se olvidara de pagar los 80 yuanes (8 euros) por entrar en el casco viejo, un dinero dirigido por supuesto a restaurar la megarestaurada y rica Lijian, nadie nos exigiría el recibo en ningún momento, menos mal porque nos habría tocado salir de la ciudad en ese mismo instante. Una chica nos abordó cuando llegábamos a la zona de los hostales, nos ofrecía una habitación doble con baño y agua caliente por 50 yuanes (5 euros), como nos pareció muy razonable la seguimos y así nos vimos en una casa de la zona alta donde una pareja de colgados había preparado dos habitaciones para no tener que hacer nada con sus vidas, en varias ocasiones les vimos holgazaneando, sólo se levantaban de su minúsculo camastro para pedirnos el dinero.

Era mi cumpleaños, teníamos que darnos un homenaje esa noche, una buena cena, pero antes teníamos que abrir el apetito y, que mejor manera de hacerlo, que explorando la ciudad, descubrimos que el 99% de la gente se arremolinaba en torno a la calle Dong Dajie y la Plaza del Mercado Viejo, del cual no queda nada, por supuesto. Si te desvías un poco, sobre todo hacia el sur, puedes encontrarte solo de repente, algo que a primera vista parecía simplemente imposible, la ciudad vieja se extiende en callejones, canales y puentes en un entramado laberíntico donde es fácil desorientarse, uno de los primeros lugares donde me he perdido irremediablemente, menos mal que Rafa seguía muy centrado y supo ubicarse con rapidez, cosa que normalmente no hace porque yo siempre ando con el mapa pegado a la cara o inscrito en mi cerebrito.

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