A continuación recorrimos las dos grandes naves, los yacimientos en sí mismos, donde yacen las famosas figuras de soldados, arqueros y caballos, hay que reconocer que ver tantas estatuas juntas a tamaño natural impresiona, y las que queda por desenterrar.

Una vez hubimos comido y descansado en el hotel nos dispusimos a explorar Xian, la antigua Chang'an, una ciudad de la que ya se tiene constancia como tal mil años antes de Cristo y que vivió su auge durante los siglos en los que la Ruta de la Seda se convirtió en la mayor autopista de transporte de mercancías y pensamientos del mundo, Xian era el origen y el destino de muchos de ellos, un nexo entre Oriente y Occidente. De camino al centro comenzó a anochecer, llegamos tarde para ver con buena luz las Torres de la Campana y la del Tambor, y cuando nos metimos en el primer mercadillo el sol ya había desaparecido por completo. La primera de las torres se levanta en un cruce de avenidas en el centro de la ciudad amurallada, la segunda, la Torre del Tambor, da comienzo al Barrio Musulmán, donde reside una de las comunidades de musulmanes más importante de China. El barrio no puede comenzar mejor, con un bazar cubierto a imagen y semejanza de los zocos y bazares de Arabia, Irán, Turquía o el Magreb, en él se vende artesanía, la misma que en otras zonas del país más artículos relacionados con la fe islámica. El bazar no es muy grande, a mitad de camino se anuncia la Gran Mezquita, que cierra sus puertas a las 6h30, demasiado tarde, no llegamos a tiempo, así tuvimos más tiempo para echar un ojo a los puestos, sin embargo el hambre acuciaba y dejamos las compras para el día siguiente.

Conocíamos la fama de los pinchitos de carne del Barrio Musulmán y buscamos un lugar por allí, primero nos pedimos unas cervezas bien frías y más tarde Jorge y Rafa salieron a las brasas a escoger la comida, a base de ternera y cordero, el cerdo había desaparecido del menú.

La segunda mañana en Xian nos dirigimos de nuevo a la estación de trenes para adquirir los billetes de tren a Luoyang, a menos de cinco horas de Xian, desde allí queríamos conocer la Cuna del Kung Fu, el Templo Shaolin.

Un taxi nos acercó desde la estación a la Pagoda del Gran Ganso, el templo más afamado de la ciudad. Pasamos buena parte de la mañana paseando por los patios y jardines del lugar donde un gran número de turistas nos acompañaba, sobre todo chinos.

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