Mapa de China
 

Cuando el tren hace su llegada a la Estación de Trenes de Xian los cuatro nos sentimos descansados, un café y estaremos como nuevos. Tal y como había ocurrido en Pingyao nos vienen a recoger a la estación, la reserva la habíamos hecho a través del gerente del hotel anterior y fue todo un acierto, la única pega es que no tuvimos la suerte de tener las habitaciones a las 8 de la mañana y tuvimos que dejar el equipaje en recepción. El hotel, el 7 Sages, respeta la clásica arquitectura china de la región, paredes blancas, tejados grises, puertas circulares y patios interiores, un lugar muy simpático. En uno de los patios se encontraba el restaurante y allí desayunamos sin prisa, cuando estuvimos listos para salir una de nuestras habitaciones ya estaba preparada y metimos allí todas las maletas.

Con energía renovada nos pusimos en camino hacia la atracción del lugar, el Ejército de Guerreros de Terracota de Xian. El yacimiento está ubicado unos treinta o cuarenta kilómetros al este de la ciudad por lo que es necesario coger un autobús, el nº306, junto a la Estación de Trenes. Nos costó un rato encontrar la parada, durante ese tiempo comprobamos la fama de esa área de la ciudad, un chaval intentó robarle a Jorge y por poco se sale con la suya, desde ese momento anduvimos con más ojo sobre nuestras pertenencias. El trayecto se nos hizo un poco largo, a todos menos a Jorge cuya guapa compañera de asiento le dio conversación, haciendo hincapié en que tuviera cuidado con lo ladrones en la ciudad.

El bus nos dejó en el aparcamiento, decenas de autobuses de turistas se interponían entre nosotros y las taquillas, el complejo es enorme y aún no funciona al 100%, las tiendas de souvenirs son inevitables, está tan "bien" estructurado que para llegar a las taquillas has de pasar por ellas, al igual que de la salida al aparcamiento. Adquiridas las entradas, bastante caras como era de suponer (8 ó 10 euros), nos topamos de nuevo con el espíritu de negocios de los chinos, casi dos kilómetros nos separaban de las salas y, bajo un sol abrasador, sólo quedaban dos opciones, caminar o subirse a un carrito motorizado por otros dos o tres euros. Caminamos todo lo rápido que pudimos, tratando de aprovechar cada pedacito de sombra de los escasos árboles, a compartir con otras veinte o treinta chinos en nuestra misma situación; al llegar todos necesitábamos un refrigerio y tuvimos que pagar el elevado precio de las botellas de agua dentro del recinto. Entrar al primer edificio fue un alivio, el aire acondicionado no nos defraudó, visitamos cada una de las salas de lo que es el museo, aquí se exponen algunos de los objetos encontrados en los distintos yacimientos.

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