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Decidimos comer en uno de los chiringuitos que se encuentran en el paseo principal, unos buenos platos de noodles y huevos duros, acompañados de cerveza, alli nos estaremos un buen rato, en la cuenta nos intentaran engañar pero no nos dejaremos del todo.
Son las dos de la tarde y entre el potente sol y las cervezas no estamos muy plenos, decidimo coger el teleférico que lleva hacia las montañas para visitar distintos miradores, aquí nos dividimos, Silvia se pone a buscar un puente colgante, Teresa se queda con un anciano para que le de un masaje y Jorge y yo seguimos subiendo durante un rato hasta un mirador, donde nos quedamos un rato descansando. Al bajar aún no ha empezado el masaje de Teresa, yo aprovecho para echarme un sueñecito bajo un arbol, bruscamente interrumpido por un burro que hace sus necesidades a un metro de mi cara. Bajamos de nuevo, sigue habiendo cientos de chavales entrenado en las esplanadas, Teresa se compra unos colgantes tibetanos.
Y de vuelta en Luoyang Jorge y yo nos volvemos locos para encontrar DVDS virgenes, algo increible. Esa noche intentaríamos cenar algo especial, al día siguiente nuestros caminos se separarían....desde luego especial sería, pediríamos una gigantesca marmita de sopa con una gallina...pero con una gallina así, tal cual, a la que no le faltaba ni la cresta, digamos que la cena no fue muy apetitosa pero nos reímos un rato.
Apuramos las últimas horas con Jorge y su madre, que se ha levantado temprano para comprarnos unos bollos y unos yogures bebidos..., detalle de madre. Nos despedimos en la estación de tren, ellos van hacia Zhangzhou, para desde allí coger un avión hasta Pekín, nosotros volvemos a Xi´an para también coger un avión al día siguiente hacia Kunmming, la capital de Yunnan.
Han sido días muy intensos con Jorge y Teresa, hemos aprovechado el tiempo, desde aquí agradezco a Teresa la paciencia y aguante que ha demostrado durante los días que hemos estado juntos (lo digo sobre todo por el trayecto de tren nocturno). Para nosotros empieza nuestra última etapa en China, en la provincia de Yunnan, antes de entrar por tierra a Vietnam para recibir la que creemos será nuestra última visita, la de Jose, la madre de Silvia.


