Antes incluso de comenzar el viaje a China ya estuve esperando este día que visitaríamos el Templo Shaolin, la cuna del Kung Fu y del budismo Zen, sin duda uno de los lugares más emblemáticos del país. Nos levantaríamos en nuestro fantasmal hotel de la no menos fantasmal ciudad de Luoyang alrededor de las seis y media para coger el autobús local que nos llevaría hasta Denfeng, donde se asienta a unos kilómetros todo el complejo. El viaje resultaría suicida, di que íbamos medio dormidos y no lo vivimos en toda su intensidad.

Todo el complejo Shaolin esta disperso entre las Montañas de Shaoshan, varios monasterios, todas las escuelas y demas pabellones comprenden una enorme extensión. Al bajar del autobús y dirigirnos hacia la entrada principal dejamos a nuestra izquierda una seri de edificios modernos, dedicados exclusivamente a la venta de souvenirs, una enorme estatua de un monje esta a la entrada, mientras seguimos bajando vemos a los primeros grupos de chavales entrenando, estan dando un salto hacia adelante sin poner las manos, su cabeza pasa a milimetros del suelo. Algo más adelante hay amplias llanuras de entrenamiento que más bien parecen castrenses, hay centenares de chavales de distintas edades entrenado, todos con un chandal del mismo color, hay grupos que practican patadas, otros con la espada, puñetazos.... ¡¡menudo ejercito se podría montar!!, se masca la disciplina en el ambiente y todos ellos parece que se lo toman muy en serio.

Hemos llegado poco antes del espectaculo y ya lo anuncian por los megáfonos, se celebra en una sala cerrada y sólo vemos turistas chinos, somos los únicos extranjeros allí, el espectaculo en si resulta bastante justo de tiempo, primero salen los monjes y saludan, después empiezan a hacer piruetas y saltos de todo tipo, hay uno en concreto que simula una rana, otros manejan vigorosamente la vara o la espada, algunos de los movimientos que hacen resultan impresionantes, sin duda al alcance de pocos, es una pena que dure tan poco.

Después visitáremos el templo principal, que al estar tan abarrotado de turistas chinos no se puede disfrutar mucho. Más tranquilo resulta el bosque de las pagodas, el lugar emana cierto misterio, con decenas de pagodas entre los arboles donde uno puede perderse por una rato.

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Un monje a la entrada de un templo
Shaolin
Teleférico hacia las montañas