Mapa de China
 

Hemos pasado un día de transición en Guilin, una ciudad importante de la provincia de Guanxi. Esa tarde cogeríamos el tren litera que nos llevaría a Shanghai, un viaje de 22 horas para recorrer 1500 Km. Optaríamos por coger billetes de litera dura,la mitad de baratos que litera blanda. El tren es fenomeno, a la izquierda de los vagones hay unos asientos y una pequeña mesa, un estrecho pasillo alfombrado y los departamentos abiertos de las literas, tres a cada lado, una sobre otra, con un colchón de cuero que al final no resulta tan duro y unas sabanas limpias, así como una almohada correcta, incluso hay una tele por cada compartimento. De vez en cuando pasan carritos que venden fruta, noodles o arroz con carne, verdura o huevos. Damos varios paseos por el tren hasta llegar a los compartimentos de litera blanda, no encontramos muchas diferencias, en vez de 6 literas hay 4, las sabanas son mas chillonas y hay una puerta para cerrar el compartimento, el restaurante esta abarrotado, nos vamos a dormir.

Al día siguiente me despierto a las 8 y media de la mañana, habiéndome acostado a las 11, he descansado muy bien y Silvia al parecer también, ya que sigue frita durante un buen rato más, la experiencia en el tren esta siendo un exito. El tran hace una parada en Shang Rao, que no tengo ni idea de donde esta pero aprovecho a bajar del vagón y comprarme un zumo de naranja, despues me entero que quedan 5 horas para llegar a Shanghai.

Nada más salir de la estación cogemos la linea 1 del metro, sin salir al exterior. El metro es muy moderno, me recuerda mucho al de Singapur. Salimos a la calle en pleno corazón de la ciudad, en People´s Square, una enorme plaza, de nuevo estamos aturdidos por los edificios, la gente, el calor y el peso de las mochilas, tenemos que coger Nanjing Road, hasta llegar al Youth Hostel donde hacía unos días habíamos reservado. La calle peatonal de Nanjing Road esta repleta de gente que va de un lado a otro, es como preciados a lo grande y alto, la actividad es frenética, muchas tiendas, restaurantes abarrotados y de camino algún pícaro que nos ofrece Rolex falsificados. A ambos lados de la ancha calle, que pese al trajin resulta agradable, se mezclan los rascacielos con los edificios coloniales y los grandes anuncios o neones, aún no iluminados.

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