La barca que nos lleva de excursión es de madera con el techo corredizo, nos sentamos en unas pequeñas banquetas que podemos sacar a una plataforma descubierta y así disfrutar de la brisa y del paisaje. Aquí el río es ancho y lo jalonan decenas de formaciones caprichosas, las que han hecho de este lugar uno de los más famosos en China. Atracamos en una orilla donde nos esperan gentes del lugar, la mayoría entrañables ancianos que venden baratijas, también hay una mujer con dos cormoranes (una de las atracciones de Yangshuo es asistir a la pesca nocturna con estas aves), otro hombre se sienta sobre un búfalo, la fórmula es sencilla una fotografía equivale a unos pocos yuanes, aún así Rafa consigue echarles alguna sin que se den cuenta, eso sí, compramos un pato a una viejecilla insistente a la que Rafa le hace un book. A la vuelta nos sorprende una violenta y repentina tormenta, paramos en una orilla hasta que se calma un poco pero eso no impide que nos calemos hasta los huesos del muelle al coche. Para ir a la parada del autobús tenemos que atravesar el pueblo, está completamente inundado, algunas calles con medio metro de agua, por lo visto lo de los desagües aún no está muy extendido en el mundo rural.

La noche anterior habíamos contratado otra excursión con la misma chica, esta vez un día en bicicleta por la zona, conocer el río Yulong y visitar la Colina de la Luna. Antes de acudir a la cita nos mudamos a un dormitorio cercano, más limpio y barato que nuestra habitación. En vez de la chica que esperábamos nos espera su hermana, no tan simpática, la primera parada la hacemos junto a un puente en el río Yulong, donde de nuevo salen a nuestro paso tres entrañables ancianos buscando ganarse unos yuanes con las fotos. Tenemos problemas con nuestra guía y decidimos pagarla la mitad y continuar solos, aunque nos cuesta una larga discusión, pero es evidente que ella no quiere trabajar, no nos explica nada, no sonríe y simplemente pedalea a su rollo, no estamos paranoicos, hemos observado a otros grupos y van muy entretenidos, esta tía es una petarda.

La siguiente parada es en la Colina de la Luna, de camino hemos avistado el arco de piedra desde la carretera, ahora tenemos que subir hasta allí. Es un corto camino pero con el calor tropical resulta extenuante, de eso se aprovecha una anciana a la que, tras mucho insistir, le compramos una cocacola fresca, y pensar que ella subirá y bajará cada día la colina en busca de turistas. La recompensa por ascender hasta allí es total, miles de sombras se extienden hasta el horizonte, parecen existir infinitas colinas inabarcables con la cámara, y si el paisaje lo enmarcas en un arco de piedra natural el espectáculo es inigualable.

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Pendientes de plata a un eurillo
Yueliang Shan o Colina de la Luna
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