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Necesitamos que nos dé el aire, salimos y caminamos hacia el Templo del Cielo, ese día nuestro sino es comprar, en una pasarela para peatones acabamos negociando con un chico que vende camisetas de los Juegos Olímpicos, no paramos hasta que le sacamos cinco camisetas por cinco euros, ¡esto es insano!
Un taxi nos devuelve al centro, al sur de la plaza de Tiananmen, donde hay un gran mercado de artesanía, pero son más de las seis y las tiendas están cerrando, además comprobamos que no son muy amables o no quieren vender, en su lugar visitamos un par de tiendas de instrumentos musicales y buscamos un lugar para cenar, de nuevo acertamos, cerveza bien fría y pinchitos de ternera, Rafa pide una sopa de tomate con huevo y le traen un olla de sopa aguada, no sería la primera en China, sin embargo la carne es de primera.
Es domingo y los domingos hay que ir al rastro, en Pekín eso es sinónimo de Panjiayuan, el gran mercadillo de artesanía de la capital, una joya. Accedemos a él por la calle Huawei Lu, donde se exponen grandes estatuas para decoración de jardines, más adelante aparecen algunas tiendas y más allá se encuentra el meollo, una nave cubierta sin paredes, para entonces ya nos hemos despistado de Rafa y Jorge, a los que tardamos una hora en encontrar. Juntos de nuevo unimos las fuerzas para negociar en un puesto de cajas chinas, les arreglamos el mes, tres joyeros, cuatro cajas en forma de donuts, un juego de damas chinas para Rafa y para mí y un majhong para Jorge. Agotados salimos en busca de refrigerio, tarea difícil, acabamos dentro de otro mercado, este más bien es un centro comercial de lujo, el Curio City, compramos unas latas de cerveza y nos sentamos en unas mesas de piedra que hay en el pasillo.
Tras la comida en un restaurante koreano de Dongsi Bei toca siesta, nos despedimos hasta la tarde, momento en el que iremos al Mercado de la Seda de Xiushui. De nuevo Teresa se nos adelanta y se va en taxi una hora antes, la recogemos allí sin dedicarle un minuto al mercado, ya le dedicaremos bastantes en los siguientes días. Queremos conocer el metro, allí mismo hay una boca, Yonganli, en cinco paradas nos apeamos en Tiananmen Oeste (la plaza tiene dos paradas). Un paso subterráneo da acceso a la plaza, los vendedores de cometas insisten en vendernos una, accedemos y escogemos las que tienen cara de diablo, son muy pícaros estos comerciantes, después de venderte la cometa te ofrecen el hilo y el aparato para controlarla, eso si que es tener visión, compramos todo el kit.

