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Muchas emociones en una misma tarde, necesitamos sentarnos a tomar unas cervezas, momento en que Teresa anuncia que las cervezas las paga ella, las de todo el viaje, poco a poco descubriremos que es una gran bebedora de cerveza, acabará por dejarnos a Rafa y a mi enganchados durante un par de meses...jejeje
Nos despedimos hasta el día siguiente cerca de su hotel, el Aviation Hotel, típicamente comunista, nosotros estamos alojados en el Saga Youth Hostel, unos veinte minutos más al sur, en un hutong entre Dongsi y Chaoyang, no es de los mejores del país pero en él recopilamos folletos de otros muchos en Pingyao, Xian y Yunnan; estos hostales siempre organizan excursiones por los alrededores por el precio más competitivo, son una buena opción en un país donde la oferta hotelera anda un poco desfasada, anclada en la época comunista.
Un soleado día nos acompaña para visitar la Ciudad Prohibida, por el camino intentamos tomar un café, el de nuestro hotel es aceptable pero en el de ellos el desayuno es horroroso; estratégicamente situada junto a la muralla una cafetería con sombrillas suple de cafeína a los europeos, por supuesto a precio muy europeo también, 3 euros por café. Tres horas después un taxi nos lleva hasta el Mercado de la Perla, Teresa está ansiosa por entrar, pero antes debemos comer, un restaurante en la acera opuesta nos sirve cerda agridulce y pollo salteado a buen precio. Antes de que nos demos cuenta Teresa ya ha desaparecido, nosotros tres recorremos la primera planta, mis dos acompañantes se pirrian por las chorradas, se compra cada uno un bolígrafo de tinta invisible y Rafa una lámpara-led con pinza para los largos viajes en tren y autobús. Preocupados decidimos ir en busca de Teresa, por las bolsas que lleva colgando no parece necesitar nuestra ayuda, en menos de media hora se ha comprado un abrigo de visón trenzado por doscientos sesenta euros, una chaqueta y varios collares, en ese momento anda con las perlas entre manos. Rafa decide ayudarla en la negociación, que cada vez reúne más collares (coral, perlas, turquesas) y a más dependientas, la escena es grandiosa, yo grabo con la cámara de vídeo con las lágrimas saltando de mis ojos, ¡Teresa, eres la mejor!, las chicas de los otros puestos miran curiosas, somos el centro de atención, finalmente la negociación llega a su fin, noventa euros por varios collares y pulseras, y, tras mucho insistir, unos pendientes de perlas de regalo, ¡hacía tiempo que no me reía tanto!

