Mapa de China
 

 

Todo el mundo tiene su propia idea de Shangri-la, un utópico lugar donde reina la paz y la armonía, rodeado de picos nevados, fértiles y verdes praderas e incólumes lagos y ríos; tales utopías mantienen despierta la imaginación y fantasía de las personas, como dijo Benavente: “Hay que creer en la utopía porque la realidad es increíble”. Pero si verdaderamente existiese un lugar así, no me gustaría conocerlo, ni siquiera que fuera descubierto, lo dejaría oculto, sólo al alcance de los sueños.

En 1933, el escritor James Hilton escribió la novela “Horizontes perdidos”, en ella describió el Shangri-la, a raíz de la publicación de la novela y a lo largo de medio siglo aventureros románticos se lanzaron a la búsqueda de este paraíso, viajaron a India, Nepal y Tíbet, sin que su exploración obtuviera ningún fruto.

En 1997 el gobierno chino hizo saltar la liebre y declaró (tras años de estudios), que el Shangri-la descrito por el novelista británico se encontraba en la provincia de Yunnan, concretamente en la prefectura tibetana autónoma de Diqing, cerca de la frontera con el Tíbet, de este modo se acababa con el mito y comenzaba un desmesurado auge del desarrollo turístico.

El tranquilo pueblo de Zhongdian, a 3200 metros de altura, sería nuestra primera parada en Diqing (ahora rebautizada en los panfletos como Shangri-la). Ubicada en una llanura, sin el cobijo de montañas, la sensación de frío es intensa, las largas manos del gobierno chino aún no han entrado del todo en su afán de transformar los entornos para crear infraestructuras turísticas, como ocurre con otras poblaciones más al sur de la provincia. Saliendo un poco de las calles principales, repletas de tiendas de recuerdos, uno se ve inmerso en un laberinto de calles empedradas donde las mujeres transportan sus cargas en cestas de mimbre, los niños corretean y los ancianos juegan cartas en las aceras. En Zhongdian se entra en el universo tibetano, pese a estar aún lejos de sus fronteras, en las dos pequeñas Gompas situadas en distintas colinas cercanas vuelan las banderas de oración que lanzan plegarias al viento en cada ondulación, los rostros que se ven ya no son Han, los tibetanos son más robustos, de piel más curtida y rasgos más marcados que sus numerosos vecinos chinos.

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Vólver a Asia
Una mujer tibetana descansa con un niño a sus espaldas en la linea de Chortens frente a las montañas Meili.
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