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Llegamos al muelle siete, donde nos espera el Star Ferry, uno de los recuerdos que quedan de la época británica, construido en madera (al igual que parte del muelle), este barco se asemeja a uno de vapor y da un toque clásico en contraste con tanto cristal y acero. Hace un calor agobiante pero tenemos la sombre de los rascacielos que, aunque no mitigan mucho, ayudan. Una vez en el ferry el panorama de los rascacielos de Hong Kong va ofreciendo una perspectiva más panorámica, cada vez más espectacular. Una vez en Kowloon caminamos hacia Nathan Road, un extranjero que parece hiperactivo nos indica como llegar hasta Chunking Mansions, un edificio de 16 plantas repleto de hostales y restaurantes, la calle esta repleta de gente agitada y que se mueve rapidamente, al llegar al edificio nos encontramos con la más variopinta mezcla de razas, occidentales, africanos, Indios, Pakistanis, árabes...., hay mucha actividad, cajas que entran o salen de los ascensores, mucho ruido. Nuestro hostal esta en la planta quince, una mínima habitación con paredes y suelos de azulejo, pero limpia y con televisión con cable, pagamos 14 € por ella, es lo más barato que se puede encontrar en Hong Kong.
Una ducha y de vuelta a la jungla de asfalto, de nuevo a coger el ferry, que cruza de un lado a otro repleto de gente, con mucha asiduidad. Algunas de las aceras estan a nivel, separadas de las calle y el tráfico, son cómodos pasillos, organizados y limpios que se van bifurcando a medida que se avanza, también son estupendos miradores. A nuestra derecha se impone el edificio de finanzas del IFC, junto a otros rascacielos, una jungla de cristal y acero, al otro lado se impone el espectacular edificio del Banco de China, un prodigio de formas y geometria, justo debajo nuestro esta el mar, se esta construyendo un enorme dique para ganar espacio al mar y así seguir construyendo, es el único modo. El pasillo para los peatones sigue y sigue, los rascacielos siguen apareciendo, bajo nosotros hay algunas calles con tiendas de lujo, autobuses de dos plantas y unos encantadores tranvias de época, ya vamos viendo que es una ciudad única, con contrastes entre lo moderno y lo clásico, organizada y limpia, pero con mucha vida, no tan aséptica y artificial como Singapur, rebosa energía.
Bajamos a la calle, hay oleadas de gente, elegante, bien vestida, salen pequeñas callejuelas donde se intuye una via más mundana, mercadillos y puestos de comida ambulante, donde tomar unos rápidos noodles antes de seguir con el trajin, estamos alucinando.

