Nada más acabar nuestro pequeño trekking mañanero en los arrozales de Longji cogemos un autobús de vuelta a Longseng, para después coger otro que nos llevara hasta Sanjiang. El camino se hará muy pesado y a la mitad la carretera dejará de estar asfaltada, llegaremos de noche, sin tener ni idea de adonde ir (en realidad nuestro destino era Cheyjang), un pueblo Dong famoso por sus puentes de madera y la arquitectura de sus casas. Por suerte en el autobús había un extranjero al que observamos hablar en un chino que nos parece más que fluido, tras preguntarle nos dice que el también quiere ir hasta ese pueblo y que ha pactado un minibús con unos hombres, no nos lo pensamos ni un instante.

Aunque llegamos agotados nos alegra estar ya ubicados en nuestro destino y todo gracias a Carl, nuestro amigo de origen americano, nacido en Taiwan y que lleva viviendo en China desde la adolescencia, con el cenamos y charlamos sobre temas muy interesantes y nos extendemos sobre todo hablando del Tibet, aprendemos cosas muy interesantes.

A la mañana siguiente visitamos el pueblo, ubicado en un valle cubierto de arrozales y ríos. No nos sorprende demasiado que exista una taquilla a la entrada del puente principal y que pidan 60 yuanes (6 euros) por visitar el puente y el pueblo; por fortuna hay un camino de tierra que tambien da acceso al pueblo, camino que tomamos para ahorrarnos el dinero. El puente de madera es impresionante, no menos que su nombre "El Puente del viento y la lluvia", esta construido en su totalidad en madera y tiene 5 torres. Sobre el río existen unas preciosas norias hechas de Bambú que son usadas para irrigar los arrozales, con un ingenioso sistema que lleva siendo usado hace mil años, estan aún en pleno uso.

Tanto Cheyjang como otros pueblos que estan anexos pertenecen a la minoría Dong, lo que vemos paseando es bucólico, las grandes casas construidas en madera y con tejados en pizarra estan unidas unas junto a otras, formando estrechas callejuelas que acaban perdiendose o van a dar a los campos de arroz, que estan en zonas más abiertas y se mueven al unisono según los caprichos del viento, con cientos de libélulas volando sobre ellos. Los locales nos miran curiosos, aunque esta empezando un tímido impulso turistico,no estan acostumbrados a recibir a occidentales, nos reciben calurosamente.

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