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El pueblo al pie de la garganta nos acogió esa noche, nosotros dormimos en nuestro hogar y nuestros amigos en una mezquita a escasos metros, no fuimos molestados en ningún momento y pudimos disfrutar de otra noche con esta simpática pareja que esperamos volver a ver cuando todos estemos de nuevo en casa.
Por la mañana emprendimos la marcha, a apenas un kilómetro de distancia hallamos las primeras viviendas, los niños se acercaron a vendernos baratijas y trataron de llevarnos con sus madres, pero nos apetecía aire libre y continuamos, pocos metros más allá volvimos a encontrarnos con algunos de ellos, esta vez acompañados de sus mayores; por fin había llegado el ansiado día, el Día del Cordero, una vaca yacía ya sin piel en el suelo, junto al arroyo, un par de niños sujetaban su cabeza con orgullo mientras otros jugaban con las pezuñas. Estuvimos un buen rato observando e inmortalizando el momento con nuestras cámaras, era su gran día y todos parecían dichosos, el banquete no se iba a quedar corto con tanta carne.
No recuerdo cuanto tiempo más caminamos hasta llegar al final, sólo sé que fue un agradable paseo, sin dificultad alguna, de hecho los 4x4 podían circular por allí, ¡menos mal que sólo pasaron uno o dos! La segunda población parecía encajada en las rocas, otros niños salieron de sus casas y nos persiguieron un buen rato, se notaba que no éramos los primeros viajeros que pasaban por allí, ya habían aprendido las palabras suficientes, ¡menudos pícaros!
Llegaba el momento de la despedida, esta vez ya no sabíamos hasta cuando, Rubén y Aurora continuaban hacia Wadi Bani Awf y en las semanas siguientes embarcarían en un avión de Air India Express hacia Trivandrum, el aeropuerto de Kerala que fuera hogar de nuestra furgoneta durante la escapada a Sri Lanka casi un año antes. Rafa y yo nos dirigíamos en dirección contraria, primero Arabia y luego Jordania, ya parecía que veíamos el mar Rojo desde allí...


Fecha: Julio de 2008
Lugar: Madrid
