La carretera que une Rustaq y Nakhal es muy poco transitada y, por la cantidad de carteles de advertencia que vimos, muy peligrosa en época de lluvias torrenciales, circulamos en todo momento con una garganta seca a la izquierda. En un momento se presentó a lo lejos lo que parecía una comitiva de camellos, se trataba de unos chicos con tres camellos, posiblemente se dirigían hacia el interior, a alguno de los oasis escondidos entre las montañas.

A la peor hora del día llegamos a Nakhal, casi nos da una insolación visitando la fortaleza, muy restaurada y ambientada con objetos de los sultanes que la habían habitada en otros tiempos. Se podía visitar la sala de audiencias, el cuarto de los niños o el de las mujeres, adornados con cojines de colores y muebles de madera tallada o damasquinados. Como su vecina Al-Rustaq presentaba desde lo alto unas bonitas vistas al palmeral y a la llanura de Batinah.

Nada nos retenía por estos lares y ya teníamos ganas de conocer la capital, la mítica Mascate, ya mencionada en tiempos de Ptolomeo, en el siglo II a.C. y famosa muchos siglos después por convertirse en un asentamiento portugués de máxima importancia en las Rutas de las Especias que iban a Europa.

Cogimos pues la misma carretera y continuamos hacia el mar, viéndonos pronto inmersos en un tráfico horrible y poco habitual causado por obras en la carretera, hay que tener en cuenta que Omán está en plena etapa de crecimiento y que desde que se abrió el país a principios de los 70 no ha dejado de construir carreteras, hospitales y colegios para asegurar el futuro de los suyos.

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Fuerte de Nakhal
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Fecha: Agosto de 2008

Lugar: Madrid

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