La planicie de Batinah se extiende desde las aguas del Golfo de Omán hasta las montañas de Hajar al norte del país, es la región más fértil y la que nutre la mayor parte de los mercados de frutas y verduras. En la costa se encuentran algunos pueblos importantes que ya hemos mencionado, como Sohar o Sawadi, en el interior las principales poblaciones son Al-Rustaq y Nakhal, ambas dotadas de unas magníficas fortalezas.

La primera que visitamos y en la que hicimos noche fue Al-Rustaq, un oasis que fue capital del país durante el siglo XVII. Como las demás poblaciones omanís se nos presentó tranquila y adormilada, sólo cuando comienza a caer la tarde las gentes se deciden a salir de sus casas a pasear y se anima el ambiente. Como será el turismo en la región que nos vimos de nuevo visitando en solitario la fortaleza, recorriendo los distintos pasadizos, descendiendo a las siempre refrescantes aunque tétricas mazmorras, y ascendiendo a cada uno de los torreones para avistar desde lo más alto la profundidad del palmeral y el rojizo de las secas montañas, y todo ¡sin un alma a la vista!

Se estaba bien ahí arriba sin embargo la hora de cierre ya había pasado y teníamos que salir para que el vigilante pudiera regresar con los suyos. Decidimos rodear la fortaleza caminando y adentrarnos un poco en el pueblo, descubrimos frondosas huertas y mujeres trabajando en ellas, barberías donde largas barbas musulmanas eran recortadas y corroboramos el ritmo con el que se vive en Omán ¡quién pillara ahora esa calma!

Estábamos sentados junto a un canal de agua cuando vimos llegar a un padre con sus dos niños, no sé qué vieron en nosotros pero vinieron corriendo y el pequeño comenzó a dar gritos eufóricos, estaba emocionado y no dejaba de mirar a Rafa y de tirarle de la camiseta, fue un momento muy divertido, hacía tiempo que no despertábamos tanto interés en la gente, ya era la segunda vez en Omán tras a la experiencia en Al-Badaliya. El padre se acercó educadamente, conversó con nosotros unos minutos, nos pidió disculpas y se los llevó, aunque no parecían querer irse, nos habían cogido cariño.

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Oasis desde la fortaleza de Al-Rustaq