Fueron los portugueses los primeros europeos en descubrir el interés estratégico de este lugar, Mascate presentaba uno de los puertos naturales más perfectos, fácil de defender de los ataques externos, tanto los que vinieran por mar como los que pudieran venir del interior, ya que una franja de escarpadas elevaciones separa Mascate del resto del país. Pero nuestros vecinos del oeste nunca fueron bien recibidos, la población autóctona siempre renegó de su presencia y ellos se limitaron a levantar un puñado de fortalezas defensivas en la costa, como la situada en Sohar, ignorando lo que ocurría unas pocas millas tierra adentro. Menos de dos siglos después eran expulsados y comenzaba una edad de oro para Omán que unió lazos con otros países asiáticos y africanos, olvidando Europa hasta bien entrado el siglo XX, momento en el cual los británicos habían echado las redes en la región atraídos por el Oro Negro. Hasta ese momento Omán había retrocedido tanto que se encontraba estancado en una Edad Media eterna, y hubiese seguido igual si el actual rey Qaboos, ayudado por los británicos, no hubiese destronado a su padre y hubiese abierto el país al resto del mundo, esto ocurrió pasado 1970, nos encontramos pues ante una joven nación que avanza paso a paso hacia adelante, pero que no quiere dejar en el camino sus tradiciones y costumbres ancestrales, el equilibrio entre pasado y futuro marca su ritmo.

Esa tarde no nos dio tiempo a ver el zoco, cenamos algo en un restaurante de la Corniche y nos pusimos al día en el único cybercafé que encontramos, Rubén y Aurora andaban ya cerca, posiblemente llegarían al día siguiente y volveríamos a reunirnos para pasar juntos unos días en las montañas. Cuando quisimos regresar a nuestro hogar el aparcamiento era un hervidero de omaníes e inmigrantes que disfrutaban de la brisa, no había ni un hueco, nos mimetizamos con el entorno y así fue como conocimos a unos simpáticos pakistaníes con los que congeniamos enseguida, al día siguiente nos invitarían a cenar en su humilde habitación, en apenas 15 m2 convivían tres hombres, cuyas familias estaban a un par de miles de kilómetros de allí, la misma historia de tantos y tantos hombres en el mundo, que se ven obligados a abandonar sus tierras en busca de un futuro mejor, a veces tan incierto.

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