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Fecha: Junio de 2008
Lugar: Madrid
Y así pasaron los días hasta el famoso 2 de diciembre, que supondría una odisea más en nuestro ya de por sí abultado balance de anécdotas. Con mucha antelación nos plantamos en el aeropuerto de Kuala Lumpur, pensando en facturar los primeros y pasar un par de horas tomando café y conectados a la wifi de uno de los mejores aeródromos del mundo, y uno de los más transitados. Cual es nuestra sorpresa al ver que nuestros nombres ni siquiera aparecen en la lista del ordenador, uyuyuy, y en Madrid son la una de la madrugada del sábado al domingo ¿cuántos empleados de rumbo nos cogerían el teléfono? Los minutos pasan vertiginosamente y siguen sin aparecer huellas de la adquisición de los billetes en el archiconocido sistema de reservas Amadeus, hay que reconocer que el encargado de Yemenia Airlines, aunque Rafa insista en que estaba fumado, hizo todo lo que pudo por encontrarnos en sus arcaicos archivos, incluso llamó a Yemen, a la central, pero ni rastro de Rafael Bastante y Silvia Sánchez. Ya no sabíamos qué hacer, comenzamos a desesperar, ya veis, ni que nos hubiesen detectado un cáncer, pero estábamos a punto de perder el control, nuestra pobre furgo por ahí flotando y nosotros sin poder ir a rescatarla. Ya sólo quedaba media hora para que partiera el avión sin nosotros, cerraron la facturación y en ese momento nos dice el encargado "si queréis quedan dos plazas, pero tendréis que pagar los billetes y luego reclamar el dinero de los otros dos", "venga, vale, lo hacemos, ya nos pegaremos luego con los de rumbo, aquí tiene la tarjeta", "no, lo siento tendrá que ser en efectivo todo", "joder, no puede ser", un cajero, nada, otro cajero, nada, cambio un poco de dinero aquí, sacó otro poco de un cajero allá y milagrosamente, aún no sé cómo, reúno la cantidad solicitada unos diez minutos antes de la hora de despegue. Rápido, ¿dónde están las mochilas?, ni control de equipajes, ni sello en el pasaporte, ni nada, arriba con todo, ¿y dónde está la norma esa de que no se pueden subir líquidos al avión?, con los mochilones llenos de potenciales líquidos explosivos y armas arrojadizas subimos al avión, seguramente Yemen esté en el llamado "eje del mal" y no necesite tanta vigilancia como las compañías americanas...
Finalmente nos relajamos en nuestros asientos y nos disponemos a disfrutar de las diez o doce horas de vuelo que nos esperan. Creo mi deber comentar que al día siguiente pusimos una reclamación en rumbo y al cabo de una semana nos devolvieron el dinero de los pasajes, que no el de las gestiones ya que argüían que no era su responsabilidad sino de la compañía aérea.
