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Dudas y más dudas, ¿qué hacemos?, ¿cómo regresamos?, un mar de dudas que no se disiparían hasta una semana después cuando abandonamos Bangkok por enésima vez camino de otro clásico en nuestro periplo por el Sudeste Asiático, Kuala Lumpur. En la capital de Tailandia estudiamos las opciones pero resultaba infinitamente más caro contratar allí un contenedor que en Port Klang, pronto decidimos que lo más sencillo y seguro sería contratar de nuevo los servicios de Jet.
No sólo el puerto de origen estaba por decidir cuando salimos de Laos, también, y mucho más trascendente, era el puerto de destino, solicitamos presupuesto para varios puertos en Asia, la Península Arábiga e incluso en Europa. Aunque no nos apetecía mucho volver a atravesar la India la incluimos en la lista, pero sorprendentemente el precio era más del doble de lo que nos había costado a la ida, este aumento de precio sumado al hecho de que por poco más podíamos escoger Dubai, en los Emiratos, nos hizo decantarnos por esta última. Nunca había estado en nuestras mentes el cruzar la Península Arábiga pero nos pareció una buena idea, podríamos conocer el mundo del petrodólar, Omán con sus oasis, sus playas y una capital legendaria, y además nos permitiría regresar a Jordania y visitar a nuestros viejos amigos en Namatah. Los destinos europeos los descartamos en seguida, así como Aqaba o Estambul, puertos que casi doblaban el precio a Dubai.
Una vez decidido origen y destino nos entró la prisa y nos vimos recorriendo a contrarreloj el camino que hiciéramos varios meses atrás, realizando unas breves paradas en la costa oriental del sur de Tailandia, donde disfrutamos de los penúltimos chapuzones del viaje. La providencia quiso que se cruzara en nuestro camino un pequeño taller volkswagen donde tenían varios modelos antiguos de furgonetas, el dueño nos trató con mucho cariño y nos cobró apenas nada por cambiarle el aceite y un par de filtros, lo que no consiguió fue arreglar el problema de potencia que ahogaba en cada cuesta al tercer miembro de la familia, ese problemilla tendría que esperar hasta febrero.
Un par de días de playa y ya estábamos de nuevo en Malasia, dos días más y la camioneta desaparecía en el fondo de un contenedor como hiciera diez meses antes en el puerto de Cochi, pero sin tantos incidentes como aquella primera vez. Ufffff, ¡pero si hace diez días estábamos aún en Laos!


