![]() |
| |
Por la mañana un café rapidito y a pisar el acelerador, encontramos el desvío muy pronto, pocos coches se desviaban por él, la mayor parte se dirigía hacia al norte, hacia Qatar, Bahrein y la costa saudí del Golfo Pérsico. Durante casi doscientos kilómetros no vimos nada más que arena, un lugar muy inapropiado para tener una avería, la suerte nos acompañó y continuamos hasta Harad primero y hasta Riyadh después sin sufrir ninguna incidencia. Fue a partir de Harad que empezamos a ver un poco de vida, nos chocó comprobar que se parecía más a Jordania que a los EAU, es cierto que nos cruzábamos con vehículos de lujo de vez en cuando, pero la mayoría eran coches y autobuses destartalados. Los pueblos también mostraban un aspecto desalentador, parecía más un país pobre que uno rico; en Arabia Saudí deben coexistir dos sociedades muy diferentes: la de los ricos magnates del petróleo y la de los saudíes pobres, no pudimos comprobarlo, un imán nos atraía irremediablemente hacia Jordania, Siria, Turquía y por fin Europa, la vieja y adormilada Europa.
En Riyadh únicamente paramos para repostar, una gasolinera regentada por un emigrante del sur de la India nos devolvió a la realidad del petrodólar, con unos pocos euros llenamos el depósito ¡quién pillara ahora esos precios! La capital se mostró muy animada, pero a la vez poco atractiva, el tráfico era intenso en las autopistas, sobre todo en la que iba hacia la Meca, ya que nos encontrábamos en plena peregrinación anual. Una densa capa de arena impedía ver con nitidez los edificios, el erial que rodea Riyadh es inabarcable, no sé me ocurre un lugar más inhóspito para vivir.
Mientras todos los coches se desviaban hacia el oeste nosotros continuamos recto, siempre hacia el norte, la siguiente ciudad de referencia era Buraydah, cerca de la cual tendríamos que hacer noche tras haber recorrido nada más y nada menos que mil kilómetros en un día, una proeza que no realizábamos desde tiempos inmemoriales. Desde la capital hasta el anochecer nos cubrió la misma capa de arena que poblaba la capital y el viento comenzó a soplar sumiéndonos en una tormenta de arena de la cual parecía imposible zafarse, definitivamente este país no estaba hecho para nosotros.

