Por la mañana nos levantamos pronto, para hacer alguna excursión. Finalmente no cogemos ninguna y decidimos coger un barco que nos lleve hacia los barros y las aguas termales del río, muy famosas en Turquía. El viaje nos sale un poco caro (30 millones), contando con que en quince minutos estamos allí.

Quedamos con nuestro capitán en una hora y media, tiempo suficiente para darnos los lodos y el bañito caliente. La entrada nos cuesta 4 millones.

En la entrada hay una foto de Sting y Dustin Hoffman dándose los barros. Al entrañable Rainman no parece hacerle mucha gracia que le hagan una foto de tal modo, sin embargo Sting, siempre tan correcto, muestra una sonrisa de oreja a oreja. En los lodos flotas entero, son muy espesos y un tanto extraños, al terminar nos ponemos a secarnos al sol como los pimientos, junto con una patrulla de extranjeros, la verdad es que la situación es un tanto ridícula. Tras secarnos nos quitamos el barro como podemos y nos damos un baño caliente en la piscina. Desde luego te quedas como una malva, así que volvemos junto a nuestro patrón como nuevos.

Nuestra siguiente parada es la playa protegida de Iztuzu, una larga y ancha playa rodeada de pinares en la que a la entrada se delimitan claramente las zonas permitidas para los turistas, más allá de estas señales está prohibido terminantemente entrar, ya que es donde desovan las tortugas bobas. Pero la gente hace caso omiso a las prohibiciones. El agua esta muy caliente y no cubre hasta que te metes cien metros en el interior. A Silvia la dejo buceando y yo vuelvo caminando por la orilla, hay muchas abejas que se ahogan al tocar el mar, no me doy cuenta y piso una de ellas, que me pica en el dedo gordo, pero increíblemente, aunque al principio el dolor es intenso, a los pocos minutos se me pasa la reacción, bueno es saberlo, ya que no sabía como reaccionaría ante la picadura de abeja, ya sé que bien.

Comemos en un pinar cercano y al acabar vamos hacia Göcek, un tranquilo pueblo. Es temporada baja y aquí se nota, según nos comenta un comerciante. Compramos algunos collares hechos en pizarra y damos un pequeño paseo.

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