![]() |
| |
A la mañana siguiente Silvia se levantó indispuesta, según parece por el vino, que estaba un poco agrio. Mehmed nos invitó a un suculento desayuno y nos fuímos tranquilamente por el camino rápido, nos daba verdadera pereza retroceder tantos kilómetros. Quedamos con Mehmed en que quizá volveríamos esa noche a dormir, pero finalmente seguimos viaje. En un principio no parecía una carretera muy complicada, aunque de vez en cuando teníamos que esquivar las piedras que había en algunos tramos, pero la pendiente no era muy pronunciada, salvo en algunas curvas cerradas. En una de ellas me quedé clavado y me costó Dios y ayuda que subiera de nuevo pero tras varios intentos volvió a subir. Paramos a un hombre que, casualmente, era el que llevaba la caseta de los tickets para subir al Monte Nemrut, con el subimos el último infernal tramo, cuatro kilómetros adoquinados y llenos de baches. Hacía bastante frío cerca de la cumbre, que ya veíamos muy de cerca cuando aparcamos la furgoneta. Faltaban quinientos metros hasta la cima, donde se encontraban las cabezas, pero el camino estaba preparado para el turista. Tras veinte minutos ascendiendo llegamos a la cumbre y al primer grupo de cabezas, alineadas en el suelo y con los cuerpos en posición sentada detrás de ellas, nos preguntamos como podrían haberlas llevado hasta arriba, eran imponentes, al igual que las vistas, sólo montañas hasta donde la vista alcanzaba. Había algunos neveros y el viento helado casi no nos dejaba hacer fotos, así que no estuvimos mucho tiempo y dimos la vuelta a la cima, hasta donde estaban el grupo de estatuas y cabezas de mayor tamaño. Eran los mismos personajes o dioses los que estaban representados, pero en las del lado oriental las cabezas superaban los dos metros de altura, eran impresionantes, sobrecogedoras en un paraje tan inhóspito y solitario, de ahí que no fueran descubiertas hasta finales del siglo XIX. En este lado aguantamos algo más, haciendo fotos y observando el paisaje. Había un japones sentado en una de las piedras, que nos saludó casi haciendo una reverencia, sin duda estaría buscando algo más que cabezas gigantes. Cogimos la furgoneta y continuamos viaje por la autopista. Nos echaron de un aparcamiento de carretera, de las pocas veces en todo el viaje. Dormimos en Kozan, en una gasolinera, donde al día siguiente nos pudimos duchar y charlar amigablemente con el dueño.

Fecha: 18 de Enero de 2006
Lugar: Amasra (Mar Negro) - Turquía
