Dejamos la religiosa ciudad de Sanliurfa camino de la Presa de Atatürk, la más grande de Turquía y una de las más grandes del mundo, la visita bien merecía un pequeño desvío de nuestro itinerario. Dormimos junto a la entrada del complejo, que más bien parecía un pequeño pueblo, construido para los trabajadores de la presa y de la colindante central hidroeléctrica. A la mañana siguiente tuvimos que pasar un control militar, se quedarían con nuestros pasaportes hasta que volviéramos de la presa. Como todas estas obras de ingeniería, a la presa no le faltaban retractores, ya que al parecer es la causante de la falta de caudal en el río Eúfrates, a su paso por Siria e Irak. Era una mole impresionante, otro ejemplo claro de las buenas infraestructuras que posee este país.

Continuamos camino hacia Nemrut Dagi, la montaña que acoge las colosales estatuas del Rey Antioco, sólo esperábamos que el tiempo nos permitiera subir a admirarlas. Hicimos la ruta más larga, para poder visitar otros lugares de interés del parque nacional de Nemrut Dagi, que comienza a unos kilómetros de la localidad de Kahta.

Por una carretera que empieza en este pueblo enseguida se divisa la cumbre del Monte Nemrut, a bastante distancia. A pocos kilómetros del pueblo todavía se ven algunas columnas que formaban parte de un antiguo túmulo funerario del Rey Mitridates. La carretera continua entre montañas y amplios valles hasta que se cruza con un río por un puente de nueva construcción. A unos cien metros de éste hay otro puente, romano, con tres columnas en pie que, según leímos, ya no era usado para el tráfico rodado, ya que hacía unos años un camión demasiado pesado lo hundió, ocasionando grandes desperfectos en su estructura. Paramos para hacer unas fotos y continuamos camino.

Cogimos a un campesino, a unos cuantos kilómetros de distancia del castillo Mameluco. El camino se hizo de repente tortuoso y estrecho. El hombre nos agradeció el paseo. Sobre una montaña ya se observaba parte del castillo. Al pie del mismo había un pequeño pueblo y aparcamos junto a un colegio, convirtiéndonos en la atracción durante unos minutos. Subimos al castillo que, aunque estaba deteriorado, presentaba casi en su totalidad su estructura externa, las vistas desde lo alto eran espectaculares, pero había ciertas zonas a las que daba miedo asomarse, ya que estaban al borde del precipicio y no existía nada que parase la caída, así como ninguna cadena de protección.

 

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