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Los últimos kilómetros antes de llegar a la ciudad descienden bruscamente hacia el mar, dos o tres curvas antes de llegar hay un mirador desde el que se disfrutan unas buenas vistas. Paramos allí y nos hicimos un té antes de proseguir camino.
El tiempo no acompañaba nada aún, así que no paramos en la ciudad y seguimos rumbo a las penínsulas de Hisarönü y Resadiye. La primera de ellas es bastante pequeña, adentrándose apenas cuarenta kilómetros en el mar. La segunda tiene casi cien kilómetros de longitud por pocos de ancho, en algunas partes del camino se ve el mar a ambos lados de la carretera. Nos desvíamos a la izquierda para visitar la primera, no llevábamos recorridos muchos kilómetros cuando empezaron a aparecer calas de arena desiertas. Inesperadamente el tiempo había cambiado y el cielo se estaba despejando, así que nos paramos en una de las calas a nadar y a comer. Nuestra pesadilla volvió, abejas por todas partes, pudimos nadar tranquilos un buen rato, pero lo de comer fue otra historia, nos tuvimos que ir. Terminamos de comer en la furgoneta y seguimos circulando hasta el pueblo de Selimiye, un pueblo donde se siguen haciendo barcos 'artesanalmente'. Anduvimos junto al mar para descubrir algunos hoteles y restaurantes en la orilla donde el único objetivo era relajarse: tumbonas con acceso directo al agua, hamacas colgadas de los árboles bajo techos de parras, enormes sillones con almohadones. Todo en un ambiente de disfrute para deleite de los pocos visitantes que allí se encontraban. En uno de los restaurantes un hombre se dirigió a nosotros y entablamos una corta pero agradable conversación sobre España y Turquía, y sus semejanzas. Al decirle que seguiríamos nuestro viaje hacia Siria hizo un gesto despectivo y nos dijo que no le gustaba ese país, que mejor no fueramos y siguieramos en Turquía. Tenía la boca llena de dientes con fundas de oro, no estuvimos mucho con él, pero parecía ser todo un personaje.
De vuelta hacia casa nos acercamos a ver cómo trabajan en los barcos en el extremo norte del pueblo. Vimos tres o cuatro sitios donde se dedicaban a hacer barcos, algunos de un tamaño muy respetable, otros sólo pequeñas barcas. Por el camino vimos a un hombre dando una capa de pintura a su pequeña embarcación.

