La carretera era infernal, llena de baches y con un trazado serpenteante con muchas pendientes, parecía que estuviésemos en una carretera de montaña de Asturias o Cantabria. En realidad era algo parecido, la costa entre Amasra y Sinop es muy abrupta, las montañas están muy cercanas al mar, tanto que la carretera se dedica a subir desde los pueblos del mar hasta los pueblos de montaña y de estos últimos descender de nuevo al mar. Mirando el mapa nunca habríamos pensado que fuera así, parecía una simpática carretera de costa.

Este primer tramo se nos hizo agradable, nos acercamos e ver la playa de Bozcöy, completamente desierta en estas fechas, y disfrutamos del paisaje otoñal de las montañas, con sus tonalidades verdes y marrones.

Nuestra llegada a Kurucasile no pudo ser más apoteósica. Giramos en la calle donde se encontraba la mezquita, por la que se llegaba al puerto, al terminar el giro nos vimos frente a unas decenas de hombres rezando en la calle. Menos mal que había un sitio donde aparcar a la derecha, allí nos quedamos unos minutos pensando si dejar el coche o esperar a que acabasen. Nos pareció extraño que estuvieran allí, la temperatura no acompañaba, en pocos minutos las dudas se disiparon, ocho de esos hombres elevaron del suelo un ataúd y comenzaron a caminar hacia nosotros. Esperamos a que pasara la comitiva y continuamos hasta el puerto, ¡qué oportunos habíamos sido!

Aparcamos en un rincón del puerto, cerca se veían los esqueletos de madera de algunos barcos, pero nadie trabajando en ellos. El pueblo no tenía muy buena pinta, la playa estaba sucia y dejada y todo estaba medio desierto. Lo visitamos en menos de una hora, quizás en verano esté más animado, en invierno deja mucho que desear. Para mejorar lo presente comenzó a llover y a hacer más frío. La lluvia no cesó de caer toda la noche y la mañana se presentó con un gran temporal de olas de cinco o seis metros que saltaban el espolón. Entonces pareció que el pueblo se despertaba un poco, varios grupos de hombres se acercaron al puerto sorprendidos por las olas, esto no debía ser muy normal por estas latitudes. El temporal de frío siberiano que ha azotado Turquía este mes de enero empezaba a dejarse sentir en el mar Negro, en las noticias de los siguientes días se hablaría de muertos por el frío en la frontera con Grecia y de temperaturas por debajo de -20 ºC.

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