Llegamos a Konya al mediodía. La ciudad estaba animada, con bastante circulación. En poco más de veinte minutos encontramos el Museo Mevlâna con su cúpula de azulejos verdes, y aparcamos junto a ella. Antes de nada desempolvamos los chalecos de pluma, no los usábamos desde el Monte Olimpo en Grecia, la ocasión lo requería. Nos acercamos a la entrada y vimos que cerraba a las cuatro de la tarde, lo mejor era entrar en ese momento; para visitar el resto de las mezquitas no hay horario, así que lo haríamos por la tarde. Pagamos los 4 millones que cuesta la entrada (2 millones para los turcos) y penetramos en un patio con una enorme fuente y un montón de gente, la mayoría turistas. Junto a la entrada a la derecha hay un quiosco donde se venden recuerdos, y un poco más a la derecha una puerta conduce a una enorme sala donde se muestra, con la ayuda de maniquis, escenas de la vida de los derviches danzantes. Una de las escenas presentaba a un grupo de aprendices escuchando atentamente a un maestro, otra escena mostraba a dos derviches vestidos de blanco entrando en trance (ver fotografía a la derecha), también se pueden observar utensilios de todo tipo.

Nos descalzamos y entramos en el santuario donde está enterrado Celaleddin Rumi (Mevlâna o "nuestro guía"). Junto a él yacen familiares y otros místicos sufies. El interior está sobrecargado y con un ambiente muy especial, siempre hay alguien rezando junto a la tumba principal. Además de estas tumbas hay objetos de la época de Rumi: alfombras, instrumentos musicales, trajes de derviches, escritos de todo tipo, el recipiente de Abril y una urna con pelos de la barba de Mahoma (donde también se arremolinan los fieles para rezar). El edificio por fuera también merece la atención, además de la cúpula famosa hay un jardín, una fuente, restos de piedras con caligrafía clásica otomana y otros edificios menores con más objetos relacionados con los sufies.

Salimos del edificio y fuimos en busca de comida, estabámos convencidos de que a pesar de ser Ramadám encontraríamos algún sitio abierto cerca del Museo Mevlâna, por ser tan turístico. Pero a esta ciudad tradicional no hay turismo que la saque de su rutina. Todos los restaurantes estaban cerrados y con carteles que anunciaban su apertura al anochecer, y los que estaban abiertos estaban desiertos, seguramente estaban preparándose para dar cenas al caer el sol. No nos atrevimos a entrar, decidimos respetar sus costumbres e ir a comer algo a la furgoneta. Como hacía mucho frío nos hicimos una sopa y picamos algo más.

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Maqueta: Derviches Danzantes
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