En un panfleto que habíamos cogido en una oficina de turismo en Ankara leímos que había una iglesia cristiana edificada en un lugar llamado Yason Burnu (Cabo Jasón). Pensábamos que ya nos habíamos pasado el lugar cuando divisamos un faro en desuso en una pradera verde, a menos de un kilómetro de la carretera, cuando nos acercamos a la desviación vimos que era el cabo en cuestión. Nuestros ojos no podían dar crédito, quizás haya sido el lugar más agradable de todo el Mar Negro, seguramente el más auténtico, aún hoy nos planteamos como no nos quedamos allí un par de días más.

La iglesia quedaba a cien metros de donde dejamos la furgo, a la derecha había una explanada donde aparcaríamos para dormir las siguientes dos noches, y a la izquierda un chiringuito fabricado en madera con enormes cristaleras con vistas al mar. El lugar se llama Kis Café y está regentado por el peculiar Enis, que nos acogió como si fuésemos un miembro más de su familia. Regentaban el lugar él y su mujer, y tuvimos la suerte de aparecer una mañana de sábado con un sol radiante. Pudimos ver a mucha gente de los alrededores acercarse allí a comer o a tomar un té durante el fin de semana, ninguno de ellos se aventuraba a visitar la iglesia pero todos descendían a la playa o se acercaban al faro, la temperatura diurna rondaría los 15ºC, treinta más que en Ankara cinco días antes.

Index crónicas de Oriente Medio
Faro en el Cabo Jasón
Ir a fotos de la crónica
Volver
Sigue
Volver a Oriente Medio

Rafa y yo visitamos la iglesia la primera mañana, Enis nos dio las llaves y un poco de documentación al respecto. El lugar era mágico, la leyenda dice que aquí desembarcó Jasón y sus Argonautas al volver de la búsqueda del vellocino de oro, tanto la iglesia como el cabo llevan su nombre, en honor a dicho mito.

Disfrutamos los dos días trabajando en las mesas del jardín con vistas al mar, o en las del interior degustando té. Estábamos como reyes, con los baños a quince metros de la furgo, no pudimos disfrutar de la ducha que Enis había instalado porque el agua salía congelada, pero si pudimos lavar ropa. Era como un camping improvisado y gratis para nosotros solos.

Una de las tardes nos alejamos caminando y fuímos a visitar los alrededores, vimos hórreos y cabañas de madera diseminadas a lo largo del camino, y huertas y pastos donde pacían las vacas.