Era dos de febrero y no pretendíamos entrar en Irán hasta el día veinte del mismo mes, tendríamos que tomarnos con calma esta etapa si no queríamos presentarnos en la frontera diez días antes. El principal problema es que el tiempo no acompañaba, en diez días salió el sol tres veces, la mayor parte del tiempo un cielo encapotado y lluvioso nos perseguía. Si habíamos dividido los casi cuatrocientos kilómetros que separan Samsun de Trabzon en etapas de no más de cuarenta kilómetros el primer día ya nos saltamos el plan y recorrimos casi ochenta, y llegamos a Ünye, una típica población vacacional del Mar Negro.

Esa noche la pasamos en un merendero junto a una playa al oeste de la ciudad, el lugar debía abarrotarse en verano. Por la mañana nos acercamos al centro y, en vez de parar, lo atravesamos en busca de la kale que se hallaba a siete kilómetros, la lluvia provocó que al llegar al lugar los accesos estuvieran intransitables por lo que regresamos a Ünye. Un breve paseo nos sirvió para verificar lo animado del lugar, varias zonas de bazar, una gran plaza frente al mar y muchas terrazas para disfrutar de la brisa en verano. Compramos fruta y verdura y seguimos camino.

No recorrimos ni veinte kilómetros, antes de llegar a Fatsa nos paramos en una gasolinera situada junto a una playa. El lugar era perfecto para pasar lo que quedaba de día, en la cafetería pudimos trabajar toda la tarde gracias a la conexión eléctrica que nos prestaron, el entrañable dueño nos servía té sin parar y no quiso cobrarnos nada, ni siquiera el té del desayuno la mañana siguiente. La playa era larguísima y para nuestra grata sorpresa estaba muy limpia, y no llena de plásticos como la mayoría, éste no era su único atractivo, estaba llena de caracolas de todos los tamaños y colores posibles, recogimos una buena cantidad de ellas, pensamos que podrían servir de obsequio, en muchos pueblos de las montañas de Pakistán, la India o Nepal quizás no hallan visto una caracola en su vida. Allí mismo por la mañana lavamos la furgoneta con agua a presión, la pobre ya lo necesitaba después de tanta nieve y tanto barro, también este servicio era gratis.

Nos acercábamos a la región del té, de donde se exporta el delicioso elixir al resto del país, pero antes de esto estaba la región de las avellanas, cuya capital es Ordu, y de las cerezas, con centro en Giresun.

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