![]() |
| |
Rafa y yo pernoctamos aparcados en la misma plaza del pueblo. Por la mañana nos reunimos los cuatro y, tras informarnos del horario de autobuses de vuelta a la gran ciudad, fuimos en busca de lo que hace famoso este lugar: las huellas de la gran Batalla de Gallípoli. A pocos kilómetros al norte de Eçeabat encontramos un primer museo conmemorativo, con una tienda y una enorme sala que recogía la tradición "luchadora" del pueblo turco-otomano. De allí fuímos a un segundo museo (entrada 3 millones) con fotografías de la época y expositores con objetos relacionados con la batalla: armas, huesos con balas incrustadas, trajes de los distintos ejércitos, etc. Nuestros pasos nos llevaron a la Playa de Anzac, donde se llevó a cabo el desembarco de las tropas aliadas; ya aquí pudimos ver los primeros cementerios. Ascendiendo hacia la colina donde acaecieron las peores batallas, Conkbayiri, vimos más cementerios y monumentos conmemorativos, hasta llegar a lo más alto donde encontramos unas trincheras claramente restauradas para deleite de los visitantes.
El tiempo no acompañaba nada, y el autobús que llevaría de vuelta a Alonso y David a Estambul salía a la 1 de Eçeabat. Regresamos con tiempo para tomar un çay en una tetería junto al puerto, uno de estos lugares auténticos que hay en todos los pueblos. Los demás clientes nos miraron como a extraterrestres durante unos minutos y luego continuaron con sus entretenidas partidas, alguno se quedó mirándome más tiempo, no es muy corriente ver a una mujer en este tipo de locales. Alonso inmortalizó la escena con algunas fotografías, mientras David nos dibujaba a Rafa y a mí (caricaturas que guardamos con mucho cariño). Se acercaba la hora; nos despedimos de los dos tras intercambiar las direcciones de email, les esperaban más de cinco horas de autobús.


Dejamos en el aeropuerto a Ricardo y Laura, que regresaban ya a Madrid después de pasar la Noche Vieja en Estambul, y nos dirigimos los cuatro hacia la península de Gallípoli, en busca de las huellas de la famosa batalla de la I Guerra Mundial. David y Alonso no habían comido nada y eran las cinco de la tarde, así que hicimos un alto en el camino para que saciaran su apetito. Estimamos la distancia hasta nuestro destino en 250 kilómetros, pero nos equivocamos, al cabo de más de cinco horas pudimos comprobar que la ansiada península dista más de 350 kilómetros de Estambul, y que, para desesperación nuestra y de nuestros invitados, la carretera se encuentra en muy mal estado. Nuestro mapa de carreteras mostraba una comarcal que recorría la costa a partir de Tekirdag, pensamos que sería una buena opción a la desastrosa nacional llena de socavones por la que veníamos; de nuevo nos equivocamos, sólo era transitable en verano, debía ser poco más que un camino de cabras. Volvimos a la nacional y seguimos camino. A las once de la noche llegábamos a Eçeabat, donde no fue difícil encontrar un hostal y un restaurante donde reponer fuerzas.